Cultura

La Alquimia o la nueva ciencia Ray Niebla

La Alquimia o la nueva ciencia

 Ray Niebla

Si en un artículo pasado me refería, con contundencia, a que la inteligencia había sido trastocada, había sido manipulada y habíamos olvidado el  respeto por todas las tradiciones y todas las morales que nos condujeron por el camino de la evolución, hoy me centro en la conspiración realista, objetiva y profundamente meditada en que la nueva ciencia, la que nos están metiendo por los ojos, nos conduce, sin remedio, hacia la frustración, el desapego y la mendacidad intelectual,

Soy persona a la que le gustó la filosofía de los antiguos alquimistas, esos científicos que escondían muchos de los conocimientos que iban descubriendo, para no herir a las sociedades y para no cargar con aquella responsabilidad de que un descubierto científico o alquimista, que para mí es lo mismo,(ahora podríamos citar el Proyecto Haarp) pusiera en el disparadero a la sociedad, la pusiera en peligro o aún cosas peores, como  ahora, que  está entontencida, bien por unas causas o por otras, en unos tiempo o en otros, y esto me lleva por los derroteros de la falsa esperanza al ver las caras de todos mis congéneres detrás de un mecanismo diabólico y con reuma en los dedos de las manos por el manejo inadecuado y cotidiano de él, o de ellos pues son muchos los inventos que nos llevan por ahí.

En el discurrir de la humanidad y cuando los señores del poder incubaban, por falta de respeto,  verdaderas maldades al objeto de encontrar la piedra filosofal de sus amores, (en la actualidadd podemos ver las aplicaciones de la Resonancia Shuman y lo que están hciendo con la Ionosfera), y con ello perpetuar sus poderes, nos encontramos con la verdad absoluta de unos hombres que se dejaban la vida, y se exponían a ser quemados por brujos en la pira de las iglesias mejor documentadas del entonces paraíso de la civilización. (En la realidad de hoy podemos encontrar el Desdoblamiento del tiempo de Garnier y Malet). Europa era un hervidero de ideas a lo largo de cuatro siglos que no dejaron que se manifestara ninguna de ellas. Sólo, claro, las que interesaban.  Pero en el ir y venir de los tiempos nos damos cuenta  que ahora estamos en las mismas.

Cuántas tecnologías están aguardando a que nuestro cerebro esté preparado, este intrínsecamente ligado al consumismo carcelario, pues la cárcel del consumismo es la que nos lleva a creernos en libertad cuando no es así. Cuántas formas distintas de vernos y de irnos adaptando a eso que los más espabilados llaman progreso, pero este es un progreso degenerado, un progreso retardado como decía Louis Pauwels en el libro El Retorno de ls Brujos, que nos conduce por la inanimada vida vegetal y nos convierte en robots predispuestos a ser vividos por otras mentes.

Las tecnología esperadas y que nos van sirviendo poco a poco con la medida exacta de un elixir demoníaco, (la Ganancia de Función por la que se puede hacer mutar al adn), se parece mucho a aquellos expertos en poder de todos los tiempos que hacía que los químicos, los alquimistas que habían encontrado su piedra filosofal, su descubrimiento, lo tuvieran que dejar durmiente hasta que fuese el momento de sacarlo a la luz y con ello medrar, tanto en mente como en materia, igualmente en onda que en partícula, y en esa estamos.

Estamos obnubilados, verdaderamente entontecidos con la ciencia que viene, que ya está aquí. Esa ciencia que vivimos con pasión y hacemos que nos entre por todos los sentidos de nuestro cuerpo como si ésta fuera el alimento que nos dará la felicidad, pero que a ojos vista nos está trayendo más infelicidad que lo contrario, y no por ello nos sentimos culpables ni responsables de ser el objeto del deseo de todos estos nuevos alquimistas que nos ponen cara de sonrisa profiden mientras nos la cuelan sin calzador hasta el límite de nuestras posibilidades, y siendo esto nocivo, malévolo, malo en sí mismo, tiene sin embargo la faz de la verdad, la cara de la bondad con la que nos lo venden.

Y  por si esto fuera poco, estamos en la dinámica horripilante de ver a la mediocridad venerando todo esto. Me refiero a todos estos vividores, de trapo fácil, de cambio de esencia, de nuevos sexos, de pareceres cotidianos que dan pábulo a todo esto y lo  exhiben y presentan pagados por todos aquellos que se rien a nuestra costa de los que nos meten por los ojos y siguen engordando su hacienda. Esta mediocridad de gentes: actores de medio pelo, pero encumbrados algunos a un status que no les corresponde, programas de televisión que son una auténtica fábrica de tontos, escritores de folletines con perfiles psicológicos más bien cercanos a las paranoias o a la psicopatía, estúpidos histriones que con su vis cómica, según ellos, divierten a la sociedad cuando lo que hacen es meterse con ella e ironizar sobre ella, prensa de un color y un olor insoportable, hacen que la verdadera cultura, la verdadera ciencia, al igual que en otros tiempos, al parecer de menos libertad,  esté metida en los sacos oscuros de las tinieblas y nadie la deje salir porque no es políticamente correcta, porque  dice y hace de la verdad la bandera de la inteligencia, pero eso no interesa porque atenta contra el verdadero poder, contra aquellos que siempre, siempre están medrando a costa de nuestro ser, a costa de hacernos ser, el no ser.

                          

Si en el devenir del tiempo nos pareciera que accedemos, llegamos a la vasta extensión del conocimiento, a la evolución y desarrollo de la ciencia, de una ciencia que nos salve a todos, deberíamos preguntarnos si de verdad estamos llegando a ello, pues es tal la mentira, es tal la magnitud de ésta que casi, casi podemos decir que  nunca ha habido una verdad, aunque esto es ya tan manido que da vergüenza repetirlo, y por ello y con afán singular de saber que la vida no es para vivirla según nos digan, hemos de confiar en nosotros mismos y obligarnos a creer en aquellos hombres y mujeres, cuyo único afán que los guía, es encontrar la verdad, y con ella liberarnos  de los yugos a que nos tienen sometidos tanto lustros, tantos milenios, se sacrifican para que debamos saber que la ciencia, la que nos cuentan, la que nos venden no es la ciencia que necesitamos, es la ciencia que necesitan todos aquellos que  viven a costa nuestra,  y por ello deberíamos comenzar a entender que, aquellos alquimistas de nuestros días que realizan un descubrimiento cuya aplicación va en contra de nosotros, de la razón natural, de la tierra, deberían ser proscritos como verdaderos enemigos de la sociedad, pero  no el hombre en sí mismo,  aunque algunas veces se lo mereciera, si no su descubrimiento. Sería tal el cambio, que podríamos entrar en el verdadero paraíso, pero para ello deberemos encontrar antes, a aquellos que de verdad saben qué tecnologías sirven al hombre y cuáles los destruyen, y eso amigos todavía está por descubrir.

Aquellos constructores de pirámides, aquellos gigantes constructores de lineas, dibujos geométricos en altiplanicies inexpugnables, aquellos predestinados que nos avisaron de todo lo que podría ocurrir si hacíamos lo que estamos haciendo, si éramos tan complices del desastre como ellos mismos lo fueron y si volvíamos a repetir los mismos roles y la misma historia que ellos repitieron; si las ciencias que ellos ya conocían, si la aplicación de las mismas iban por los mismos derroteros el camino recorrido sería el mismo y nos conduciría al mismto sitio que a ellos. Si no hacemos caso a Einstein, a Yung, a Garnier y Malet, a Mozart cuya música sabemos está encendida en el mismo calado del cerebro humano que el de dios, si no hacemos caso Herodoto, a Charles Fort, Piri Reis o algunos textos hindés, y vamos siempre por el mismo camino, el resulado será siempre el mismo.

Si tienes una enfermedad, es que algo estás haciendo mal, y debes hacer un examen de tu vida para entender qué es aquello que no haces bien para recuperar tu salud, pero si sigues haciendo las mismas cosas que te están conduciendo hacia el dolor, hacia el abismo, entonces el abismo lo tienes asegurado.

                                                                  Ray Niebla