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- Doctor, estoy enfermo, consúlteme. * Siéntese y dígame qué le ocurre. - Tengo una adicción muy mala... * Fuma, bebe, se pincha...?
- Peor doctor, mucho peor. * Pues no caigo. - Estoy enganchado de televisión y no consigo quitarme. * Uy, esto si que es mala cosa y de muy difícil curación... - Cree Ud. que podríamos operar?
* Lo siento pero esto no se opera, tendremos que buscar otra solución pero, cuénteme su caso, ¿cómo empezó su patología, cómo fue su desarrollo y evolución hasta llegar a este lamentable estado actual?
- Lo típico doctor, de pequeño, por las tardes al llegar del colegio, me tragaba los programas infantiles y los dibujos animados uno detrás de otro, ya sabe: Félix el gato, la abeja Maya, los Picapiedra, Heidi y todo lo que me echasen. Si mis padres trataban de dosificármelo yo les montaba unos "pollos" de cágate lorito, así que lo dieron por imposible. Luego fuí creciendo y empecé a ver la tele también de noche, pelis, concursos, "realitis", futbol, etc. y así hasta hoy. Pero lo que realmente me ha alarmado y por lo que he podido tomar conciencia de mi enfermedad ha sido el hecho de que, este mes de Agosto, al no marchar fuera de vacaciones por la crisis y quedarme en casa, he seguido viendo tele a diario como el resto del año.

Yo nunca había visto la tele en ese mes pues, al estar fuera, fuera de mi piso, de mi ratonera, fuera de la ciudad, más al aire libre y en contacto con la naturaleza, no sentía la adicción ni la necesidad de ver la "caja tonta", pues el cambio me hacía sentir ya pleno y satisfecho. Ya dicen que el cambio de aires siempre prueba. Al marchar, en los primeros días sufría algunos arrebatos que lograba controlar pero poco a poco se iba alejando de mi mente hasta llegar a un punto en que llegaba a olvidar que la televisión existía. Agosto era mi mes de desenganche, mi mes curativo y me decía -o.k., tengo claro que yo controlo y domino la situación y cuando quiero lo dejo, no soy dependiente.- Sin embargo este verano ha sido el desastre, la he visto a diario, incluso aunque no dieran nada que me gustase o interesase lo más mínimo. Hacía zapping hasta encontrar lo que pudiera considerar menos tostonazo que mirar (todos sabemos que la tele en verano suele ser aún peor de lo habitual). Era como el borracho que, de tan pillado que está por el alcohol, bebe aunque no tenga sed o aunque la bebida sea de tremenda calidad y esté auténticamente intragable. A todo esto se me ha desarrollado este pequeño tumor en la yema del pulgar derecho, de tanto cambiar de canal pues, cada vez que asoma la imágen de Zapatero me cogen unos horribles espasmos y convulsiones tipo "la niña del exorcista" que me obligan a cambiar de canal rápidamente.
* Bien, su caso es realmente grave y extremo, aunque lo de Zapatero lo puedo entender. Lo único que se me ocurre es internarle a Ud. en una clínica de desintoxicación, pero tendrá que poner mucha fuerza de voluntad por su parte y seguir un riguroso tratamiento. Aún así no le puedo garantizar el éxito. Debe Ud. saber que las posibilidades de curación en este tipo de enfermedad son más bien escasas.

- Haré lo que haga falta doctor con tal de intentar curarme, que me encierren donde sea y me libren de este cruel calvario y pesadilla que vivo todos los días. No quiero seguir con esta zombie existencia.
F I N

Querido lector, tendrá que disculparme pero yo en Agosto, por principios éticos, estéticos, morales, neurológicos y físico-nucleares, la tele me la salto, no sea que me pase como al señor de la historieta y acabe "pillaó" del todo. Ya se que no es normal que alguien que escribe crítica de televisión en una revista no vea la tele durante un mes seguido, pero también es cierto que yo nunca he dicho que fuera un tipo normal y previsible, no olviden ustedes que yo soy un "Kamelo totaaaaaaaal......". Saludos a la familia.
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