EL MUÑECO DE NIEVE Àngel Martinez

EL MUÑECO DE NIEVE

Título original: The Snowman

Año: 2017

Duración: 125 min.

País: Reino Unido

Director:  Tomas Alfredson

Guion:  Hossein Amini, Peter Straughan, Søren Sveistrup                                                                                 (Novela: Jo Nesbø)

Música:  Marco Beltrami

Fotografía:  Dion Beebe

Reparto: Michael Fassbender,  Rebecca Ferguson,  Charlotte Gainsbourg,                                              Jonas Karlsson, J.K. Simmons,  Val Kilmer,  James D'Arcy,                                     Chloë Sevigny,  David Dencik, Michael Yates,  Jamie Clayton,                   Toby Jones,  Sofia Helin,  Ronan Vibert,  Jakob Oftebro, Alec                                Newman,  Silvia Busuioc

Productora:  Another Park Film / Universal Pictures / Working Title Films /               Perfect World Pictures

 CRÍTICA DE CINE POR: ÀNGEL MARTÍNEZ

Tomas Alfreson, no suele dejarnos indiferente con sus propuestas, Déjame Entrar (2009) o El Topo (2011), donde pasaba del terror a la novela negra, de espías en plena guerra fría.

                                                                     Podía repetir e incluso superar, con la misma factura, porque todos los ingredientes, están presentes. Pero no ha sido asi.

Más allá de ciertas soluciones visuales de cierta elegancia —contrastando con otras absolutamente inadmisibles, como ese encuentro cuasi amoroso entre Fassbender y una Charlotte Gainsbourg que parece recreada por CGI—, lo que encontramos en El muñeco de nieve es una absoluta torpeza en todos los aspectos técnicos, y una desidia bastante llamativa en lo referente al tema narrativo. Los actores se mueven por las escenas deseando pasar rápido a la siguiente, hay flashbacks diseminados arbitrariamente por el metraje, el desarrollo de la investigación es previsible y, aún así, lioso... Lo que se dice un desastre, que más enervante se vuelve cuanto mayor es el esfuerzo que depositas en tratar de rellenar los agujeros de la trama, y más doloroso se revela cada vez que recuerdas quién está tras las cámaras.

Según declaraciones del mismo director, al recibir una oleada de críticas cinematográficas, negativas, de su último film, "Es como cuando haces un enorme puzzle y te faltan algunas piezas así que no puedes ver la imagen entera", afirmó. Además, apunta a que la producción fue demasiado acelerada. Según el director sueco, todo fue muy "abrupto, de repente supimos que teníamos el dinero y podíamos empezar a rodar en Londres". Alfredson entiende estas críticas, aunque no acepta aquellas que hablan de la geografía mal representada en la película: "No es un documental sobre la geografía de Noruega", así que si no respeta la geografía: "me importa una mierda".

Ese suele ser el talón de Aquiles, de muchos realizadores, la financiación versus las posibilidades de rodaje, con artistas de fama internacional, que están de moda, ergo muy demandados. Cuando por fin llegó la pasta, los artistas, tienen nuevos compromisos, y cuando se liberan, no tienes cash. El público, a veces inmisericorde, no perdona y no tiene por qué hacerlo, y su castigo es una mala prensa, en el momento decisivo de hacerse con una buena taquilla. Un estreno, es como un bizcocho, si abrimos la puerta del horno, cuando empieza a crecer, corremos el peligro, de que no lo pueda hacer más.

El pasado y el presente, por desgracia, son refinados tan elegantemente como un relevo de pista de hielo sin patines. Los momentos más espeluznantes de la película surgen con una arbitrariedad que provoca carcajadas: no hay nada de ese creciente y escalofriante temor de El silencio de los corderos, solo disparos repentinos de una escopeta que hace explotar la cabeza de alguien y una esfera de hielo que se derrama en la parte superior. El guión, parece haber sido salpicado, con la indeleble mancha del onirismo, para la puesta en escena, de determinadas secuencias, y ni por esas nos transmite la angustia, el odio o el miedo que debería.

La adaptación de una novela, aunque parezca que te ahorres los honorarios, de un guionista, no es así. No sólo por las expectativas que pueda generar, sino por la complicación, de reconducir la imaginación de los lectores, al mundo audio visual. Siempre supone un gran reto, en El Topo, funcionó, pero en El Muñeco de Nieve, novela de Jo Nesbø, “El muñeco de nieve”, no llega a ese climax. Te quedas esperando, viendo agonizar la trama, deseoso de que se enciendan, las deslumbrantes luces del cine.

Àngel Martinez