LA LUZ por Ray Niebla

LA LUZ

Ray Niebla

Por fin hoy la luz impregna mi alma que estaba llena, completa, inundada de angustia, ansiedad sin límites, y con  el precepto de dioses impertérritos me salto del azul al cobalto del verde al amarillo y del blanco inmaculado al gris de más terciopelo que conforma, sin negarlo, el crisol de la vida.

Hoy, el color de la azucena, de la rosa, de la ortiga, del verde polvoriento de un camino renovado, me subrayo como el nectar que consumo cada día para ver, escuchar, oir a todo aquel que me deje escucharlo, porque sí, porque es lo que quiero, es lo que decido, sin más;  y presumo  y persevero en mostrar aquel color que me dice dónde está la verdad, la única, la auténtica verdad, y es en el  color  blanco  donde la encuentro, pero mi alma me dice una y otra vez que no hay color blanco, pues este es el conjunto de todos los demás y me extasío al saberlo, al conocer que  en un simple color están contenidos todos aquellos que forman la vida, la Tierra, mi Tierra y mi camino: Simple deducción de química nerviosa, primitiva, y primigenia que otorga los placeres de escuchar colores y sinfonías al abrigo de las notas.

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Y al calor de la luz me siento fuego, y el cáliz de mi sangre se vuelve rojo, de carmín polvoriento, de sueños reparados por vientos de huracán que siento dentro y me hurgan y expresan mi dominio mental sobre mi cuerpo que se desgrana en años y se vuelve coqueto por que al fin ha llegado a la suma de enteros que siempre  fui soñando para ser lo que quiero. Y quiero ser hormiga y paliar un sendero y quiero ser color de acuifero amarillo de polvo de oro  y cieno, y quiero ser león para  volverme más fiero y poder encarar las sinfonías de aquellos pentagramas que lucieron eternos por el mor de la luz que encendieron los fuegos de las mentes más llanas, más lúcidas, con decir simplemente aquello de "te quiero".

Pero yo, te quiero blanco, azul, rojo, amarillo y en esa luz prefiero ver tu capacidad, tu salud de claro cielo y exhortar  a todo el mundo que planifique su fuego, y un cielo de color verde con la esperanza en el centro que dé mar y dé consejo aunque de viejas se trate, por el concilio que  anima su candor de puro nervio que solaza la crianza de todo ser que se precie de ser bueno.

Y en toda esta antesala, donde se velan los Ciertos, consejeros de vivancos que apuntan, que soplan, que acorazan sus veleros para ser lo que no quieren, para morir en sus puestos y los colores se asocian al auténtico arco iris que siempre tiene aquel cielo que comparabas con este que tenemos en el puerto de donde salimos, y partimos en un camino tan cierto, como que hemos de vivir  en el suelo. Un suelo de polvo raro, de  colores tan inciertos que no acierto a comprender porqué somo tan certeros en complicarnos la vida una y otra vez más dentro, más corajudos sin serlo, más precoces en la ira y más lerdos en el cuento del secreto de la vida donde estamos tan correctos que no saber donde vamos es nuestro mejor siniestro.

Y esa luz que hoy corroboran mis muertos, esa luz de cándidas proverbiales de aciertos y desconciertos, esa luz que alumbra el eco de mis más pesados versos donde encuentro aquel solar que  siempre estuvo desierto, hoy lo llenan los colores de son y de los quintetos, sonetos de vieja estampa que muerden al conocerlos. ¿Quintetos?, o ¿son cuartetos? Qué más da si son tercetos lo que importa es el color con que se sacian los ecos y reverberan en campos de verdes olivos puestos en caminos de girondas donde las revoluciones pasaron del blanco al negro y allí donde los terrores se aprisionaron de  soles para generar pasiones que luego desembocaron en aquellos nubarrones que trajeron mil perdones por la angustia incontrolada de girondinos perversos.

Si la luz es lo que importa, si en el campo de las ciencias la luz cuenta como dios, como reina de pasión y como auténtica explosión de saberes, de místicos recovecos de ilusión, de planetas de color y de miedos cortejados, no se irán  las olas blancas de los caminos bordados en alusión a los bordes de esos caminos labrados porque en ellos estará siempre la unión, la desbordada estación donde se amparan los trenes que atendiendo a su color se pararán en andenes que muestren la compasión de aquellos que con dolor siempre estuvieron presentes en algún buen comedor de sonrisas y saberes. Y si así lo quiere Dios sabremos ser  confesión de a quién aluden los fuertes, senderos de corazón, o senderos de pasión que alumbran los corazones. O seremos comezón de angustias y vanos trueques, de ansiedades, de disgustos, de querer ser lo que quieres cuando nunca vas a ser lo que de verdad prefieres porque no está ahí tu talento o tus saberes, si no que te contendrás, pronunciarás y hablarás aquello que te dirán tus conquistas interiores.

Y ese inmenso páramo, del que hablan los laureles de próceres tan inmesos que ni ellos saben que son, lo que el mundo les ha dado, o simplemente han tenido la suerte de ser donados con colores de sabor, con colores de boato, estaremos con la paz de ser figuras de santos, pero en cuerpos de malditos que  laminan por el llanto y nunca  verán la luz aquellos que de inmediato no sean proclives al cambio, a ver la luz, a sentirse iluminados con  el color de la fe, pero no la fe del santo, si no la fe en la verdad en  la auténtica paleta del pintor que se hace canto rodado para no entorpecer la proclive colisión de Naturaleza y Llanto.

Hoy, por fin la luz me alumbra porque he llegado a mi clavo, aquel al que yo me agarro, aquel que me da la sombra cuando cuelgo de él un trapo, y por ello aquí y ahora siento que estoy completamente curado. Curado de carne y alma, sano en mi visión de amo de mi vida y de mi sangre, amo de amor y de encanto.

 

Ray Niebla