TULLY CRÍTICA DE CINE POR: ÀNGEL MARTÍNEZ

TULLY

Año:             2018

Duración:     94 min.

País:             USA

Director:      Jason Reitman

Guión:       Diablo Cody

Música:       Rob Simonsen

Fotografía:   Eric Steelberg

Reparto:      Charlize Theron,  Mackenzie Davis,  Mark Duplass,                            Emily Haine,  Ron Livingston, Elaine Tan,  Maddie Dixon-Poirier,  Lia Frankland

Productora: Bron Studios / Right Way Productions / Denver and Delilah Productions. Distribuida por Focus Features

CRÍTICA DE CINE POR: ÀNGEL MARTÍNEZ

Marlo (Charlize Theron) y su esposo Craig (Mark Duplass) esperan la llegada del tercer hijo. Jonah (Asher Miles Fallica) es el menor, catalogado por algún colegio como niño raro y problemático. Sarah (Lia Frankland), por su parte, comienza a sentirse algo insegura. Y Craig, informático que debe viajar por trabajo a cada rato, pasa los pocos momentos libres en la casa pegado a un videojuego. Mientras Marlo se encarga de cuidar a los niños, llevarlos al colegio, darles de comer y hacerlos dormir.

En esas circunstancias aparece Tully (Mackenzie Davis), joven niñera de horario nocturno. Frente a la situación de Marlo, su decadencia física y psicológica, Tully es vivaz, bella, cariñosa. Ella se convierte en el soporte con el que la protagonista intenta recuperar su autoestima. La complicidad entre Marlo y Tully muy pronto se hace tan intensa que no sabemos si va a derivar en un romance, una aventura sexual o una amistad secreta y fugaz.

Sobre Charlize Theron. No recuerdo a una actriz de su inteligencia, carácter –de una naturalidad casi salvaje–, dominio del cuerpo y complejidad emocional desde la aparición en la pantalla de Gena Rowlands. Y si debo elegir un solo martirologio –exento de morbo o efectismo– relacionado con la maternidad en el cine de los últimos años, sin duda, sería este: pocos cuerpos han comunicado tanto sin palabras, con un rostro casi paralizado por el cansancio y el delirio.

Aunque por desgracia, le pesa el Oscar, que recayó sobre sus hombros a la vez que se sentía premiada, con Monster (2004).     Y mucho me temo, que le perseguirá durante toda su vida. No siempre es así, pongamos el caso de Meryl Streep 21 veces nominada en los Oscar, y ganadora de 3 estatuillas, se dice pronto. Y aunque le pese, lo sobrelleva impecablemente.

El director Jason Reitman plantea un duelo actoral articulado a partir de identidades contrastadas. Tully es delgada, ligera, soñadora, lúdica, casi etérea. Mientras Marlo es realista, cínica, descreída, desgarbada y subida de peso.

Muy pronto las dos mujeres entablan un juego de reflejos: la joven indaga en el alma de Marlo, mientras esta lo hace en la de Tully. Con una fotografía en clave baja, llena de sombras y suaves veladuras, parecen moverse en un universo aparte, siempre nocturno, íntimo y casi mágico, donde se difumina el realismo del mundo diurno.

En el día a día, también se esbozan algunas críticas a la sociedad contemporánea en EE.UU.: Marlo debe luchar contra las autoridades de diversos colegios que quieren expulsar a su hijo por no encajar en el modelo de comportamiento que buscan, por ejemplo. O la inclemente recarga laboral que hace de Craig una especie de zombi sin voluntad ni autonomía. Pero lo más cautivador es sin duda la relación entre Marlo y Tully. Allí encarnan, también, las obsesiones de la guionista Diablo Cody.

A Diablo Cody la conocemos sobradamente, por dos trabajos previos con Reitman, la insufrible adolescente y sobre valorada "Juno" (2007) y el tostón de "Adultos jóvenes" (2011). Ahora el trío Cody-Reitman-Theron ensaya un tono aún más amargo.

Casi con crueldad, Tully funciona como el incisivo recordatorio de una alegría de vivir perdida. Ella es la memoria de lo que Marlo ya nunca será. Esta dinámica se releerá con un giro argumental que enriquece, en muchos aspectos, al filme. "Tully" se convierte, así, en la exploración de las edades contrapuestas que habitan en una mujer "bajo la influencia", como decía John Cassavetes. Una mujer al límite de sus posibilidades, pero que encuentra, más allá de su propia salud o cordura, una salvación misteriosa y conmovedora.

 

Àngel Martinez