Cuento “Por entregas” Ray Niebla.

Cuento  "Por entregas"

Ray Niebla.

 

La novela por entregas, que en el siglo XIX se puso tan de moda, que la cultivaron un buen número de escritores, entre ellos, Pérez Galdós o incluso el Padre Coloma autor del famoso Ratoncito Pérez. 

Ahora, en el siglo XXI, una vuelta al pasado, nos sería de fácil recordatorio de todos aquellos escritores que se dejaban la vista en escribir este tipo de novelas para poder llevarse un trozo de pan a la boca. No es el caso gracias a la Providencia, pero me resulta grato aportar en este presente algo que fue tan importante en otros siglos y volver a ello resulta gratificante. Es igual que volver a los principios que nos han traído hasta aquí y que ahora están tan denostados y olvidados.

En este caso traeremos a colación  un cuentecillo para adolescentes que me surgió en unas determinadas condiciones y circunstancias y lo escribí de "una sentada" como se dice en mi pueblo y que ahora me dispongo a editarlo por "entregas" como manda la buena tradición. 

Es la historia de un niño de doce o trece años, cuyo afán por  descubrir misterios y aprender de sus mayores cosas nuevas, le lleva, incluso a enfrentarse con todo y con todos, pero no desfallece hata que encuentra la verdad.

 

El niño se lla Nassccio de Zorrillan y es el que le da título al cuento. 

 

Nassccio de  Zorrillán y la Esfera Blanca.

El castillo templario se recortaba en lontananza como una nube de grandiosa piedra labrada a mano por los maestros canteros, quienes admirados y respetados por todos los obreros que lo construyeron, tenían sus señales repartidas por todos los recovecos del mismo, bien adornando las cornisas o bien  paseándose delante de los habitantes sin que éstos se dieran cuenta de que estaban allí. Eran los secretos de aquellos maestros que dejarían para la posteridad y así, otros maestros seguirían haciendo sus obras sin que nadie supieran cómo lo hacían.

El castillo formaba parte de un población que se ubicaba  en los alrededores de las lagunas ribaicas, en los aledaños de la gran ciudad de Magerit, y dichas lagunas debido a la cantidad de greda o arcilla roja que los fondos de las mismas se depositaban, no dejaban filtrar el agua de las lluvias, y se convertían en pantanos peligrosos y de fácil anido de todo tipo de aves, dando a la zona la majestuosidad propia  de aquellas tierras donde la naturaleza se expandía por sí misma y el hombre nada tiene que hacer contra ella.

En el castillo, Castillo de Zorrillan, cuyo nombre provenía de la zona y de la familia que lo habitaba, presentaba las características propias de ser propiedad de una familia acomodada y de renombre como era los Zorrillán, Condes y Marqueses de rancio abolengo, pero que ahora lo habitaba el Barón de Zorrillán con su esposa y dos hijos cuyas peleas eran famosas en toda la comarca. Los niños, que todavía no eran mozalbetes, se empeñaban en  meterse uno contra el otro sin mediar palabra, pero eran las clásicas peleas de gallos que no llegaban nunca a nada, sólo en una protesta agria de uno o de otro y que el padre siempre zanjaba haciéndoles ver que esa era una forma absurda y antigua de comportarse, pero la savia de los jóvenes es difícil de controlar y así pasaban los días y las noches, donde algún juglar cantaba los parabienes de la familia y las peleas de los dos hermanos.

Uno de ellos Nassccio, un muchacho de unos once años, espigado de generosos rasgos varoniles y de guapura extrema, se paseaba siempre, al caer la noche, por las almenas de aquel casón tan extenso y se paraba a hablar con los guardias  y centinelas, de cosas que muchas veces llamaba la atención de aquellos aguerridos hombres,  cuya labor era defender y mantener la seguridad de sus moradores y Nassccio se quedaba en algunas ocasiones perplejo de que hombres hechos y derechos, cuyo valor estaba acreditado  por muchas ocasiones, no tuvieran el más mínimo conocimiento de aquello que les decía.

Cómo era posible que nada supieran de la vida, o de la muerte o del espacio o de cosas que el hombre, por su propia naturaleza tiene en mente o simplemente las ve. Pero  Nassccio no se daba cuenta, aunque lo intuía, que  sólo algunos privilegiados tienen el poder y el honor de compartir los secretos de la sabia  naturaleza y a esos pocos se les revelaban aquellas cosas que  los demás mortales no podían ver o saber.

La transmisión de la información a través de la cultura. Eso era lo que siempre decia su maestro.

El día de la festividad  de nuestra señora de Lavanda, el castillo estaba engalanado con flores, guirnaldas, espadones en las esquinas, caballos enjaezados, sirvientes con sus mejores galas y toda una pléyade de invitados, que habían venido de todos lados para festejar con el Barón y su familia ese día tan importante, pues la Señora  hacía mucho, mucho tiempo que se había aparecido a un joven morisco, es decir a un árabe cristianizado de los muchos que hubo en España y en la zona ribaica todavía quedaban algunos, dada la expulsión a que habían sometido a sus tribus  cuando la reconquista, y como cuestión de religión aparte, se quiso dar la apariencia de unidad entre los distintos tipos de gentes que habitaban entonces la ciudad de Magerit, dando crédito a las afirmaciones del árabe en cuestión, y desde entonces, ya sin saber muy bien a qué se debía tal festejo, se celebraban las fiestas de la Señora con la devoción y  las alharacas que se merecía.

 

Nassccio deambulaba sin concrección alguna por entre las gentes, los caballos, las guirnaldas y las flores, ora parándose aquí para ver un cántaro de agua en la cadera de una mujer, ora se paraba acullá para observar como cantaba algúna de las mozas del servicio, o simplemente se sentaba en la piedra más alta del patio festivalero y observaba cómo hacían, se comportaban y se producían la cantidad heterogénea de hombres, mujeres y niños que corrían, comían, hablaban o discutían, con la misma tranquilidad con que al día siguiente labraban, araban, peleaban, morían o vivían sin dar importancia alguna a todo lo que les sucedía y Nassccio se quedaba perplejo observando aquello.

El cielo se amorataba y se cernía presto a dejar caer  el agua que llevaba en su interior, pero parecía que amagaba, y no caía.

Sus avispados ojos localizaron, sentado en un serón de paja, al lado de dos obreros y con un vaso de vino en la mano, a Andrógenes: un hombre ya mayor, viejo, diría yo, con el pelo ralo y blanco y  la cara  llena de manchas blancas, de lo que luego con el descubrimiento de las ciencias médicas, se llamó a esta enfermedad de la piel vitiligo. Vestido con túnica de sarga, con grandes bolsillos y pañuelo  de colores llamativos al cuello; se distinguía de los demás, pero no ya por su porte distinto, si no porque exhalaba un halo singular que a todos llamaba la atención. Había participado en todas las luchas fraternales o no, de  aquellos tiempos y a todas había sobrevivido, y por ello le llamaban Boldo, remedando una planta  de dicho nombre que sobrevivía en cualquier tiempo y lugar.

Nassccio siempre hablaba mucho con él y se entretenía con su charlas locuaces, sus misteriosas predicciones y sus  cuentecillos con moralina encubiertas, de manera que mirando al cielo y viendo que la lluvia no parecía que no iba a presentarse en aquel lugar, pues eran las fiestas y no se podía malograr por el agua venida del cielo, se levantó de la piedra, donde estaba sentado, y fue al encuentro de tan singular personaje.

Andrógenes lo vio venir y en señal de respeto por ser el hijo del Barón de Zorrillán, se levantó y le hizo una reverencia a lo que,  Nassccio, cortado y vergonzoso, pensando en, cómo un hombre de aquella sabiduría, tan leído, trabajado y conocido, le hacía reverencia a él, que era un simple chico que apenas conocía nada del mundo y comenzaba a entreveer qué era o que sucedía a su alrededor, pero enseguida recuperó la compostura y saludo Andrógenes con cariño y simpatía.

Los dos obreros que lo acompañsban en su trasiego de uva fermentada, se marcharon dejando solos a los dos: viejo y joven pasearon por el patio del castillo, hablando y riendo, y al final se sentaron al lado de la puerta de los antiguos calabozos.

-Aquí-decía Andrógenes mirando al chico- aunque ahora no lo parezca, ha habido mucho sufrimiento, pues en esos oscuros calabozos se han cometido  cantidad de barbaridades contra otros seres humanos como nosotros, por el mero hecho de ser diferentes o de intentar reivindicar mejoras para sus vidas o las de sus semejantes, y ese sufrimiento sigue ahí, pero de manera más positiva. Tanto es así que aún se pueden ver  la cantidad de letras, dibujos o lineas de tiempo que nos sirven para no caer en las mismas tentaciones-

-Pero eso sigue pasando en otras tierras, según cuentan los forasteros que pasan por aquí- dijo Nassccio mirando al viejo- Cuentan, que hay hombres que maltratan  a otros hombres para quedarse con sus tierras con su dinero o con sus mujeres y no les importa que sufran o mueran. ¿Acaso el hombre es malo siempre?

-No, eso es lo que nos hacen creer para manejarnos. El hombre no es malo, lo hacemos nosotros con nuestro comportamiento, y haciendo de nosotros lo que quieren los demás, por ello es tan importante ser tú mismo, nunca dejarte embaucar por nadie y seguir tu propio camino. Un camino que nunca habrá de ser fácil y por ello se hará más interesante.

- Mira los hombres que hicieron este castillo, fueron grandes maestros de la cantería, la albañilería o la carpintería, pero fueron los canteros los que más se significaron en ello, y dejaron señales escritas en todas las obras que hicieron para que las nuevas generaciones fueran conscientes del trabajo hecho y de la trayectoria que debían seguir para no desviarse del camino. Esas señales, están todavía indemnes, como el primer día en todas las partes, son las señales de un saber escondido pero muy importante porque sustentan al hombre-

-¿Si? -dijo Nassccio abriendo unos ojos como platos- y ¿dónde están esas señales?  Me gustaría que me las enseñaras y me explicaras qué son, qué siginfican, porqué las hicieron, cómo se han mantenido, cuáles fueron los nombres de esos maestros, quiénes las han seguido, y si lo ha hecho alguien, si las inventaron o las copiaron de otros, si alguien más sabe todo esto- Nassccio no paraba de preguntar. A su mente se le amontonaban las preguntas y no acertaba a entreveer las respuestas, y las quería ya. Su desbordaba imaginación colapsaba el entendimiento, y con ello lograba dibujar una sonrisa en la cara de Andrógenes que sabía que este muchacho tendría mucho que decir en la vida, aunque también sabía del sufrimiento que tendría que soportar.

-Bueno, bueno, para el carro muchacho que todo no es tan fácil, y al igual que el cielo se llena de nubarrones cuando creemos que va a llover y luego se queda en nada, o al contrario cuando vemos que el cielo  está negro y cae un torrente de agua que nos deja calados en un minuto, así son los pensamientos: cuando se desbordan hay que encauzarlos, mantenerlos, canalizarlos, controlarlos, manejarlos. Cuando nos invaden, lo mejor que podemos hacer es dejarlos para otro día y decirle a la almohada que nos ilumine  para encontrar las respuestas. Siempre la noche será nuestra aliada; pero  para ello, tenemos que saber dormirnos, y hay que abandonarse a Morfeo, contarle nuestras cuitas antes de hacerlo y al igual que un bebe se duerme en los brazos de su madre, sin temor al mañana, así tenemos que hacer nosotros cuando nos invaden tantas preguntas. Dormir en brazos de Morfeo y despreocuparnos de todo, sabiendo a ciencia cierta que estamos protegidos y que mañana será mejor que hoy.

            Continuará

 

Ray Niebla.