Cuarta entrega de Nassccio de Zorrillan por Ray Niebla

Cuarta entrega de Nassccio de Zorrillan

              Ray Niebla

Eran muy buenos amigos a pesar de que el cuidador era algo más mayor que él, pero eso no era óbice para tener con él bastante  confianza.

Cuando llevaban un rato cabalgando a orillas del rio y subiendo un pequeño  precipicio, se pararon y descabalgaron. Nassccio se sentó en una piedra al lado del precipicio y se quitó un guante, con tan mala fortuna que  una racha de aire se lo arrebató de las manos y cayo por el precipicio.

Nassccio se quedó mirando al lugar por donde había caído y  despaciosamente, como meditando lo que iba a hacer, se quitó el que le quedaba y lo lanzó por el mismo sitio.

El cuidador extrañado le preguntó:

-Porqué haces eso?-

Y Nassccio le contestó muy pensativo:

-Pues verás, yo no puedo hacer nada con un guante, y si alguien encuentra el que se me ha caído tampoco, pero si encuentra los dos puede  utilizarlos, por lo que lo màs sensato es tirar el otro por mismo sitio  que ha caído el primero-

El cuidador no entendió ese razonamiento y pensó que era una tontería tirar una pieza de cuero tan preciada como aquella, sin pararse a pensar qué utlidad se le puede dar a un solo guante, pero Nassccio no se entretuvo en explicarle nada más, siguieron con su paseo, llevando  los caballos del ramal y escuchando atentos el ruido parsimonioso del agua al discurrir por su canal, las avecillas trinar entre los árboles y el crujir de las plantas al pisar sobre ellas. Era extrarodinario aquello  pues lo transportaba a otros tiempos.

Siguieron caminando en silencio hasta que llegaron al castillo, no sin antes haberse parado a recoger una cantidad considerable de Palo Duz, o Regaliz que tanto le gustaba a su hermana y a Numeria, y a su yegua que no paraba de extraer raices y comérselas, y una vez dejada a Labranza en su cuadra se fue inmediatamente a ver a Andrógenes, porque tenía que hacerle muchas preguntas. Seguro que él sabría darle respuestas. Pero el día se estaba acabando y el sol, pasado ya su zenit, se confirmaba como el astro más poderoso del universo. Pero antes le hizo una pregunta a Antonino que como siempre estaba allí permanentemente:

 

-Oye ¿tú sabes si en la cuadra de Labranza ha habido siempre yeguas?

 

- Pues claro- contesto el hombre- además es que no se pueden meter machos en esa cuadra porque dicen que está gafada para ellos, siempre se ponen malos y alguno se ha muerto a los dos días. Esa cuadra es para las hembras nada más-

 

-Muy bien-contestó Nassccio-muchas gracias.

 

Andrógenes, como siempre a esas horas de la tarde, se encontraba sentado en una gran piedra desde donde partían  la mayoría de los cimientos del castillo, y desde  esta protuberancia se podía observar todos los alrededores, y su visión hacía que el alma se calmara. El bosque de pinos y abetos, las lagunas  con su agua verdosa, las águilas salvajes merodeando por  encima del castillo como si fueran a invadirlo, con ese volar magnífico, tranquilo y melodioso, sin apenas mover las alas, adaptando su cuerpo a las corrientes de aire frio o caliente para subir o bajar, la nubes de algodón, esos cirros esponjosos que se mantenían en tiempo y forma, y que hacía que el hombre se sintiese pájaro y se dejara caer en ellas. Eran un espectáculo impresionante, dada la grandeza del espacio y del tiempo.  Algún día el hombre volará y podrá posarse en esas nubes. Algún día el hombre dominará los cielos y entonces se desatará una nueva era donde las distancias no serán nada.

 

En esas cavilaciones estaba Andrógenes cuando Nassccio llegó y mirándolo con sorna le espetó -Otra vez soñando?-

 

-No, amigo mio, no estoy soñando, estoy elucubrando y haciendo, creando futuros para que los que vengan detrás de nosotros tengan el camino abierto para nuevos descubrimientos. Esos futuros tenemos que fabricarlos nosotros porque si no su imaginación se quedará en blanco y con ello se frenará la evolución. Nosotros somos los responsables de que las futuras generaciones tengan una vida mejor, pero antes hay que imaginarlo. Observa Nassccio la responsabilidad de cada generación. Hay un tiempo en que una rama de la ciencia será llámada ficción, pero no será así, pues toda ficción creada, imaginada, son futuros que se crean para que las generaciones futuras los actualicen y los lleven a cabo-

Nassccio no entendía casi nada de lo que decía aquel hombre, pero sus palabras siempre sonaban a verdad, a discurso de conocimiento a alumbramiento de nuevas ideas, pero como siempre su sentido práctico  llevó a hacerle las preguntas que tenía en la punta de la lengua.

-Verás maestro, decidí como tú me dijiste, que me involucrara en descubrir la verdad por mi mismo, y  pensé que lo mejor era buscar cerca de mí, que como tu bien dices siempre es la mejor opción y la que da mejores resutados, porque la verdad  se esconde detrás de nosotros, cerca de nosotros, o en nosotros mismos. Y así  estando con mi yegua Labranza he encontrado algunas frases y algunas cosas raras que no se como digerirlas y por dónde empezar, pero presumo qué hay algo oculto en ellas.

- A ver, dime- le dijo Andrógenes.

 

Sacó el papel de su faltriquera y le enseñó los dibujos que había hecho con aquellos descubrimientos, y Andrógenes puso cara de sorna, pero que pasó despercibida para Nassccio.

-Bien, bien, muy bien. Vamos a ver: una cuadra de yeguas. Un monolito en el centro de una plaza con un dragón que echa fuego en determinadas ocasiones y lo lleva hasta un letrero que no sabemos lo que dice. Empleemos el método deductivo que como sabemos dice que la solución está en sus enunciados o en las pruebas que tenemos.

El color del fuego es Rojo. La primera letra de Yegua es Y. La letra donde se dirige el fuego es un óvalo donde falta una letra para leerse  C res.  Si aplicamos el latín podemos decir que  C es una cosa, pues "res" significa cosa en latín, pero no tiene sentido. Ahora si aplicamos el sentido común al propio método,  podemos ver que Labranza es agricultura, que el castillo se nutre de la agricultura, que la diosa de la agricultura en los tiempos de la Grecia antigua era Ceres, por lo tanto la letra que debe haber en el óvalo es la E. Pero si le añadimos esta letra a  la e que ya tenemos en res, nos da la palabra Crees. Vamos bien o no?- preguntó Andrógenes- pero Nassccio no sabía a dónde quería llegar, y aún así asintió con la cabeza, ensimismado en lo que le estaban deduciendo.

Pues bien, aquí, con todo lo que tenemos tenemos una oración que tiene sentido y que se ajusta a los cánones de todo tiempo, este, el que fue y el que será.

 

Rojo

E              Todo esto nos da el acróstico de Rey

Yegua

 

Ahora la palabra misteriosa: Crees,  nos deja la frase con sentido.

 

Crees, Rey: Crees en el Rey

 

-Pero en este caso y dadas las circunstancias, no se trataría del rey que nos gobierna, si no más bien del rey de los cielos. O sea Dios, o la Esencia, o la Suma  Verdad, o la gran Energía, o la Gran Inteligencia, llámale como quieras. Y esto me lleva a pensar, dadas las grandes obras de los maestros canteros y los escritos que dejaron, que debe haber una afirmación en algún sitio que coincide con esta frase y que confirmaría la adscripción o la fe de quienes lo construyeron, con lo que antes de que anochezca vamos a ir a las cabalerizas a ver si encontramos algo más-

Se dirigeron prestos hacia las caballerizas y Nassccio no cabía en sí de gozo, sus nervios estaban a flor de piel con estos descubrimientos que seguro lo llevarían a un tesoro, pues siempre estas cosas conducen a un tesoro y entonces sí que podría dedicarse a lo que a él le gustaba. Buscar, buscar.  Descubrir la vida y sus secretos, los de sus antepasados, los que estarían por venir y qué debía descubrirlos.

Llegaron a la plaza donde estaba ubicado el monolito y enseguida descubrieron al dragón, pero Nassccio no veía nada que le hiciera pensar en  tal afirmación,  Andrógnes le dijo:- si no ves es porque no miras, porque buscar no es perder el tiempo viendo, sino mirando-

Y haciendo caso a esta verdad miró con más cuidado y entonces lo vió. Sí, vio la cola del dragón que contenía, por su forma, una S, y debajo de ella, un palito a modo de raya como si fuera un adorno lo que al final era una I latina, con lo que el Si estaba servido. Allí estaba la afirmación de la fe de estos maestros que definían así su compromiso con la esperanza en las generaciones  siguientes a ellos, que con esas enseñanzas los hacían más fuertes, más seguros y mejor preparados. Los futuros estaban escritos y con ellos, si no los olvidaban, el mundo sería mejor.

-Bueno, ya tienes un descubrimiento que te dará pie  a muchos más. Ahora debes seguir buscando- le dijo Andrógenes mientras se alejaba con una media sonrisa en la boca que pasó despercibida, como siempre, a Nassccio.

Se quedó pensativo, con cara de  estúpido y su entrecejo curvado  como si fuera a enfurecerse. Sí, habia descubierto una frase, una creencia de unos  tipos antiguos que se entretenían en dejar letras y tonterías en todos sitios sin saber para qué podrían servir a nadie, siendo más fácil dejar libros escritos, papeles donde se dieran las instrucciones de lo que se debía hacer y no dar tantas vueltas a todos estos rollos que no hacía nada más que vaciarle a uno la cabeza.

Andrógenes mientras se alejaba, leyó el pensamiento de Nassccio y pensó: está en el buen camino. La verdad siempre duele y aún no había descubierto que a los hombres, si se les deja el camino llano se vuelven perezosos y no llegan a ningún sitio. Hay que darles el aliciente de la búsqueda y sólo los mejores llegarán a entender todo, pues los mediocres sólo llegan hasta donde les dejan, y luego lo destruyen todo. Por ello  todo debe estar escondido, pero con las suficientes señales para que tengan donde buscar y cuando lo encuentran se les hace la luz del conocimiento y ya su camino, es siempre el bueno.

Un vencejo dejó su voz: "suiii",  en el cielo y Andrógenes se dio cuenta de que era hembra, pues los machos siempre hacían: "srrrii" y sonrió, las hembras serán las dueñas del cielo y de la tierra en un futuro próximo, pero ¡ay! de aquellas que empleen su poder para machacar a los machos; todo el universo se les vendrá encima.

Siguió cantando el vencejo y a ella se le unieron algunos machos, y algunas hembras y en el cielo se oyó el canto cálido de esta especie, que se había adaptado mejor que ninguna otra a la vida aérea Se decía que podían estar volando años enteros y que podían dormir volando. Una pasada de aves.

Nassccio de Zorrillán se fue con la frente arrugada y mirando al suelo  pensando en todo lo que había pasado y cómo le había dejado claro que la investigación y los descubrimientos, muchas veces están a lado nuestro y no los vemos.

Y así transcurrió la noche  y llegado el nuevo dia, el despertar se hizo lento y parsimonioso.  El sueño parecía calmar las ansias de conocer y amanecía siempre con nuevos brios, nuevos encantamientos de la mente y nuevas savias que conocer. Y como siempre su amiga la Esfera blanca lo había acompañado toda la noche y por ello su descanso fue mejor.

Otro dia  más para poder aprovecharlo, pues el dia que se va nunca más vuelve. Estaba cálido e invitaba a pasear. Los grillos cantaban frotando sus alas como si no hubiese un mañana y los mirlos con su pico amarillo ya comenzaban  a hacer su agosto en las mieses cortadas.

Nassccio, salió de su aposento, con la intención de ir a buscar a Numeria y convencerla para que se fuese con él a dar un paseo al lado del rio, y  pescar algún pez para almorzar,  y como estaba de buen humor se pasó por las habitaciones de su hermana y la encontró muy habladora y muy espontánea, dejando atrás su mala costumbre de hablar mal de él, sacarlo de sus casillas y ponerlo de mal humor.

Le dijo  cual era su intención y  su hermana le dijo:

-Pues anda rápido porque el conejo está en la madriguera y acabará cazándote-

Nassccio, no entendió muy bien qué era lo que quiso decir su hermana, pero como siempre sabía de su mala intención seguro que habíta tratado de insultarlo o algo parecido, pero como no la había entendido pues  no surtió efecto.

Anduvo un poco perdido por el castillo buscando a Numeria, pero no se acercó a sus aposentos porque aparte de que estaban al otro lado del castillo, no quería que nadie viera que estaba sintiendo algo por aquella niña. Qué iban a decir de él sus compañeros de armas, de entrenamiento; todo un hijo de un barón colado por una niñata sin sangre azul ni nada que le pareciera. Era un insulto a la tradición, a las leyes de la herencia tan sagradas, de manera que siguió deambulando y hablando con unos y otros y viendo cómo hacían las faenas los sirvientes y los maestros de otras profesiones.

Llegó, casi sin darse cuenta a una sala hipóstila, llena de columnas, que al parecer había servido de mesa redonda cuando triunfaban los Templarios, pero que ahora servía como almacén de armas y enseres propios de los señores; habia viejas armaduras, espadas pesadas y antiguas y algunos floretes, armas ya más modernas, preparados para el entrenamiento. Y entre unos sacos de entrenamiento para el boxeo que colgaban de unas largas cuerdas vió y oyó moverse algo, y la curiosidad lo hizo dirigirse hacia allí.

Estaba un  poco oscuro y no acertaba a comprender quién había allí, pero cuando se acercó más los vio. Era Doliente, el hijo del baron venido a menos, y que era el secretario de su padre, y Numeria, y al parecer debían tener ya mucha amistad.  Estaban muy juntos y  con claros síntomas de tener alguna relación, aunque no debía ser muy seria, pues el caballero siempre había tenido en cuenta la honra de la mujer y aunque Numeria era aún una niña, no lo era tanto su acompañante que ya tenía sus dieciseis años, desarrollado, bien formado, y aunque con algun grano en la cara, se le veía guapo y saludable.

-¡¡Que hacéis aquí!!- les espetó con mal genio. No sabía porqué le había salido esa voz

y esa carga de ira.

-Te importará a ti mucho- contestó el hijo del barón, mirándolo con  gesto desafiante y conlos puños cerrados. No tenemos que pedirte permiso para nada, así que ya te puedes ir por donde has venido y dejarnos en paz.- También le contestó con ira porque no esperaba la compañía.  Numeria sonreía entretenida con  la pelea de gallos que estaba a punto de desatarse por ella.

-Pues creo que sí tenéis que pedirme permiso, soy el heredero de todo y desde ya, me corresponde a mí decir a quién le otorgo el permiso para estar aquí o no- muy ufano en sus palabras Nassccio, pero el otro no se encogió y menos estando allí la chica por la que bebía los vientos.

Sin decir ni media palabra se fue acercando a Nassccio y éste vio las intenciones de manera, que hinchándose como un pavo cerró los puños y le lanzó un puñetazo a la cara que no hizo blanco, pues el otro más hábil lo esquivó y a la vez le lanzó una patada en la barriga que dio con sus huesos en el suelo. Pero no se amilanó, se levantó, aun con un dolor intenso y  rodando como una peonza, desde el suelo le lanzó una patada circular que dio en el blanco dejando cojo al baroncito al estamparla en el lado  exterior de la pierna donde hay un músculo que te deja cojo al menor impacto. Esta técnica se la habia enseñado su maestro de armas para cuando cayera al suelo. Se levantaron los dos como mejor pudieron y se cogieron del cuello para intentar derribarse, pero estaban muy fuertes los dos y no pudieron, de forma que ante los gritos de Numeria  se separaron y el baron hijo del secretario  se acercó a ella como para protegerla, pero ésta salió corriendo y  fue tras ella dejando a Nassccio dolorido en el cuerpo y en el alma.

Se sentó en el suelo y lloró, tanto por el dolor en la barriga como por el dolor  en su amor propio herido, y allí se quedó hasta que una voz conocida lo sacó de su abstracción.

Continuará…

 

Ray Niebla