Quinta Entrega del cuento: Nassccio de Zorrillan y la Esfera Blanca por Ray Niebla

Quinta Entrega del cuento: Nassccio de Zorrillan y la Esfera Blanca

por Ray Niebla

 

-Siempre, el dolor de la frustracción es más fuerte que el sabor de una victoria-

Miró hacia donde venía la voz y se encontró a Andrógenes que lo miraba sonriente y disfrutando de la situación.

 

-Sí, tú riete que cuando lo coja a este niñato de mierda, lo voy a ensartar como a un arenque-

Andrógenes se sentó a su lado en el suelo y le dijo:

-A ver, imagina una naranja, imagina que la partes por la mitad, e imagina que la aprietas, qué sale-

 

Nassccio lo miró perplejo y no entendiendo nada a qué venía eso de la naranja,  contestó, pues Andrógenes no hablaba nunca por hablar, siempre escondía algún secreto.

-Pues el jugo qué va a salir-

-Pero es posible que apretando una naranja salga el jugo de una manzana?-

-Hombre tú verás, hay que ser tonto para saber que de una manzana sale jugo de manzana y de una naranja sale jugo de naranja. Hoy no estás muy fino Boldo.

De nuevo con la parsimonia que caracteriza al sabio, Andrógenes le dijo:

 

- Pues eso ocurre con el ser humano. Si tú aprietas o presionas a un ser humano siempre sale lo que tiene dentro, es decir, si tiene ira, mala uva, o rencor le sale eso, y  si tiene benevolencia o amor eso sale tambíen, y eso te ha pasado a ti, te ha salido rencor y mala uva, y eso siempre te hará más desgraciado, y sobre todo más débil-

-Y qué tiene que ver esto con lo que ha pasado aquí- preguntó Nassccio angustiado.

 

-Pues todo, porque cuando alguien nos está  sacando de adentro nuestro,  algo que provoca violencia, lo que está haciendo es volcar nuestro propio enemigo contra nosotros y siempre saldremos perdiendo-

 

-Pero cómo podemos dejar que los demás nos abusen, o se comporten de manera que nos humillen o nos dejen como si fuéramos una cosa que no vale para nada-

-Sí, ahí está el truco, jamás caer en la provocación para que nuestro enemigo interior no se desboque y nos lleve a la perdición, y es simple: guardando la calma. Con la calma se destruye al enemigo, con el amor se destruye el odio, con el bien se destruye el mal-

-Y ante una agresión física realizable, qué hay que hacer poner la otra mejilla, o la barriga para que te la destrocen?

- Bueno eso es algo que tendrás que descubrir por tus propios medios, y cuando lo tengas claro habrás avanzado media vida, habrás tenido una parte del conocimiento reservado siempre a los mejores-

 

-Y ahora, levántemonos y vamos a pasear, para que te despejes y me cuentes cómo llevas tu investigación sobre lo que hablamos ayer-

 

Nassccio se levantó se secó los ojos, se limpió las vestiduras y comenzó a andar hacia la puerta. De camino hacia ella se dio cuenta que una luz muy fuerte que entraba por una de las ventanas de esa sala hipóstila, y daba, de manera clara, contra una columna que tenía un capitel distinto a los de las demás. Nunca se había fijado en eso, pero ahora parecía que todo lo llevaba hacia cosas raras. Veía las cosas sin esperárselas. Todavía no entendía que cuando uno quiere ver, ve.

Se paró en seco y señaló a Andrógenes el raro suceso.

Andrógenes lo miró y se encogió de hombros, y Nassccio comprendió que no le diría nada, que tendría que ser él, el que descubriera si aquello era normal o tenía otro sentido.

 

Se encogió de hombros como lo hacía su mentor y salieron de la sala con media sonrisa en los labios, tanto uno como otro.

 

Nassccio ya había grabado en su cabeza la hora en que ocurría esto, pues suponía que esto sólo ocurría los dias de sol y a una hora determinada, y pensó que mañana volvería a esa hora a ver qué pasaba. Y así siguieron paseando, hablando de naranjas y manzanas y viendo como  el sol se iba poniendo hasta llegar a su zenit. Se acercaba la hora de comer y había que ir a palacio. Se despidió de Andrógenes que le ofreció una sonrisa y unas palabras misteriosas: -La espada es pesada, pero nunca paseAda-

 

Nassccio lo miró raro, pero supuso que era una de tantas cosas que pasaban por la mente de un genio como aquel y no le hizo el menor caso, despidiéndose de él con un adios levantando la mano.

 

 

La tarde se iba despacio, sin prisas, y el calor apretaba un poco aunque las nubes hacian  eco de su presencia con algunos truenos, y a lo lejos del castillo unos relámpagos tímidos que apenas dejaban huella.

En la plaza de las cocinas, donde los zagales jugaban a juegos insospechados e inventados,  las cocineras, y demás gentes del servicio, se preparaban para servir la cena y para dejar la faena hasta el dia siguiente, si no eran requeridas por los dueños o por algunos de los nobles caballeros que se hospedaban en él.

 

Esa noche en el castillo  había reunión de malabaristas y magos y Nassccio  no se podía perder una fiesta así. Le encantaba la magia. Nunca entendía cómo  podían hacer esas cosas con cartas, o máquinas o cortar cabezas y que no pasara nada. Era un misterio que algún día tendría que desentrañar.

 

Se lo pasó bomba y como siempre no se enteró de ninguna solución de ningún truco. Asi que con el mal sabor de boca que da no tener la informaciòn suficiente se fue a sus aposentos. Y esta vez no esperó a que la esfera blanca viniera por su cuenta. Hizo un esfuerzo mental y  esta apareció como por arte de magia. La misma magia que había visto  minutos antes en la sala. Se repantingó dentro de ella y se durmió plácidamente.

 

A la mañana siguiente,  Nassccio, se dirigió hacia la sala hipóstila, a  la hora en la que el sol entraba por la cristalera, pero lo hizo por la zona de las cocinas para abreviar y porque le gustaba el olor a viandas que salía de allí, pero tuvo la mala suerte de encontrarse con algunos chiquillos, pendencieros y pandilleros que comenzaron a meterse con él, haciendo caso omiso de las recomendaciones de los mayores que les avisaban de quién era. Ya lo sabían lo mozalbetes y por ello mismo no paraban de decirle algunas cosas que no le gustaron, de manera que haciendo acopio del valor que le había inculcado Boldo, y caso omiso  a aquello que le había contado sobre las naranjas, se dirigió al que llevaba la voz cantante y muy despacio, parsimoniosamente cuando estaba a medio metro de él, le lanzo una patada frontal al estómago, como hizo con él el amigo de Numeria, que lo dejó tirado en el suelo, sin que los demás se sintieran con fuerzas para enfrentarse a un chico que determinada quién  o quién no, le gastaba bromas. Pensó un poco frustrado: pues sí será verdad lo que me dijo Andrógenes, y todo eso de  no sacar el enemigo que levamos dentro, pero que a gusto te quedas dando una paliza al tonto de turno. Mas tarde supo por qué Boldo le decia cosas así.

 

Los miró a todos, desafiante y sin decir palabra dio media vuelta y se marchó  y el episodio acabó con la carcajada de uno de la mozos de cocina que les dijo- pero que tontos sois, el hijo de un caballero se comporta como un caballero, pelea como un caballero y perdona como un caballero. Así que alegraros de que no se haya dado una paliza a todos los demás.

 

Uno de los más pequeños le preguntó-¿padre y nosotros porqué no somos caballeros?

El hombre se quedó pensativo y no dijo nada. Su cara se  agrió y no habló, pero otro más mayor que sí estaba cerca le dijo:-mira hijo ser noble parece ser que se nace, pero caballero, puedes serlo cuando quieras, porque la caballerosidad, la educación, el respeto y la bondad no va con clases sociales, va con el ser humano en su conjunto-

El niño no entendió ni una palabra de lo que decía aquel viejo, pero se conformó con la respuesta y siguió con sus amigotes que se afanaban por hacerle pasar el dolor al de la patada en el estómago.

 

Nassccio llegó a la sala hipóstila cuando el sol llegaba a la hora convenida, y efectivamente  cuando un rayo del astro pasó a través de la cabeza de un toro que había tallado en la piedra del capitel, vio que  fue a estampanarse un segundo contra el alfeizar de piedra de una de las ventanas. Nassccio corrió hacia allí, miró y miró pero no vio nada y su desespero fue tal que se sentó en el suelo a lado de esa ventana y cuando menos cuenta se dio sus manos tocaron algo que tenía una textura distinta a todo lo demás. Pero no veía nada especial, algún dibujo en la piedra que estaba bastante gastada, pero nada anormal. Cogió una antorcha, moderna ya, pues tiempo había pasado y se empleaban los candiles de aceite que daban mucha y buena luz, y la acercó al alfeizar de la ventana donde estaba, y entonces apareció:

Era una palabra, seguramente pero en un idioma extraño para él.

 

Lo anotó en un papel siguiendo  los rasgos de las letras, supuestamente letras, y luego intuyendo que en cada ventana podría ocurrir lo mismo, fue hacia ellas una a una, y efectivamente en cada ventana y en el mismo sitio  y sólo  con la luz del candil se podían ver otras tantas palabras.

-¿Qué significará esto?-pensó Nassccio. Volvió a anotarlas y  se dijo que ya se lo explicaría Boldo.

"Verbum regis"  "obsequitur regis"  "Rex amat"   "tamen regem"  Esas eran las palabras que había en las ventanas.

 

El resto del día le tocaba otra vez  con el maestro, y lo vio de otra manera. Prestó mucha más atención a lo que le decía y le hizo preguntas que hicieron de Gerión  la felicidad absoluta. Qué más quiere un maestro que le pregunten cosas sobre lo que está explicando. Es la señal de que lo está entendiendo y por ello le surgen esas preguntas.

 

La cena resultó exquisita, y el postre que había elegido su madre fue de lo más acertado y sabroso, de manera que con la barriga llena y la cabeza también llena de latinajos se fue a su aposento y allí, tumabo en la cama, comenzó a elucubrar como estaba consiguiendo desentrañar el misterio del castillo  y con ello llegaría hasta el tesoro de los templarios del que tanto habia oído hablar y que haría que su padre se sintiera orgulloso de él.

 

Esa noche la esfera blanca tardaba en llegar. No sabía qué pasaba y por qué no se relajaba, y un pensamiento siempre estaba en su cabeza, en un sitio profundo, pero estaba: la patada al chico de uno de los jornaleros. Se sintió mal y entonces entendió todo ese lio de las naranjas y demás cosas. Ahora aprendía que es mejor ante la provocación: paciencia, y entonces como por arte de magia, otra vez, la esfera apareció lo acogió dentro de ella como si se tratase del seno materno y en ella pasó la noche.

Una noche de descanso y de dormir a pierna suelta como ocurría cada vez que pensaba en esa esfera que tanta paz le daba,  y tanto miedo le quitaba. Era como si un escudo protector que le evitaba cualquier peligro estuviera siempre que quisiera a su disposición.

 

La geometría euclidiana se le resistía: Por un punto dado de una recta, sólo  puede pasar una recta perpendicular. Un triángulo sólo puede tener un ángulo recto. Y sobre todo lo que no entendía ni a tiros era lo que el señor maestro llamaba paralelismo. Y pensaba que el Euclides estaba como una cabra, cómo era posible que un hombre pudiera pensar en todas esas cosas y darles forma. Era otro misterio. Cuando fue mayor si dio cuenta de que todo lo que  se aprendía se necesitaba. Todo.

Propiedad reflexiva: AB es igual a AB.- Propiedad simétrica: Si AB es igual a CD, entonces CD es igual a AB.- Propiedad transitiva: Si AB es igual a CD y CD es igual a EF, entonces AB es igual EF.

 

Un lio que le costaba trabajo, pero que debía aprender porque así lo decían los mayores y todo el mundo que se preciaba de saber algo, sería porque era importante.

 

Pero si algo le gustaba de verdad  eran las matemáticas. Era un verdadero placer desarrollar las fórmulas que lo llevaban a mundos distintos y etéreos, y como con un par de letras, algún parentesis o algún signo de desarrollo se podían desentrañar problemas de dificil cuestión con solo aplicar esas fórmulas.

 

Era como magia saber el valor de una letra, con otros datos dados. El ejemplo que estaban estudiando era sublime y según decía Gerión, no era nada más que el comienzo del Algebra. Qué palabra más rarita empleaban estos griegos:

X/3+2=5 y desentreñando la X sabemos el valor que tiene:

X/3=5-2; X=5-2*3; X = 3x3; X= 9.- Así que si hacemos la operación sustituyendo la X por un 9 no daría: 9/3=5-2.- es decir 3 es igual a 3.-

 

Todo esto era un misterio para Nasccio que se entretenía  y se lo pasaba bomba haciendo estos ejercicios mentales, y lo mismo le sucedía con otras materias como la Historia en donde se veía él como un Alejandro Magno, a frente de sus huestes y conquistando medio mundo.

 

Pero lo que más le gustaba de todo era hacer juegos con las piezas que encontraba por cualquier sitio. Todo le valía, un aro, una cuerda, un trozo de madera, un cacharro de cocina viejo. Todo le valía y con ello inventaba máquinas, objetos de la más variada competencia y que luego su madre se los tiraba diciendo que no hacía nada más que tonterías.

 

Menos mal que luego llegaba Boldo y le decía y lo animaba a que siguiera conquistando tierras y galaxias e imaginara máquinas que aún no se habían inventado de manera que le quedaba un regusto en la boca cada vez que este viejo y canoso amigo suyo le decía que todo le valdría el día de mañana.

 

Terminadas las clases, y dado que tenía tiempo para pensar y entretenerse diecidió buscar a Andrógenes para que le diera alguan pista sobre cómo y dónde  seguir con la búsqueda del tesoro templario, pero en un momento, se le ocurrió hacerlo solo.

Las frases que había encontrado le sonaban de alguna manera. A la mente le vinieron las imágenes de su madre leyendo y rezando en latín, y dedujo que esas frases estaban en ese idioma tan antiguo.

Se fue directamente hasta las dependencias de sus padres y allí le preguntó sin ambages a su madre  dónde tenía el libro de rezos en latín, y su madre aunque un poco  extrañda se lo dio  cogiéndolo de una estantería que tenía al lado del dosel de la cama, conminándole a que lo tratara bien y luego lo dejara donde estaba. El fuego de la chimenea crepitaba alegremente mientras su madre y una de las muchachas de servicio doblaban sábanas y hablaban sobre los nuevos canesús que se llevarían este verano. La lumbre parecía que le hablara en latín: dominus dominus, ego, ego, fillis, aurum, aurum…

Comenzó a leer rezos:

Ave María, gratia plena, Dominus tecum, benedicta tu in muliéribus, et benedictus fructus ventris tui Iesus.

Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in ora mortis ostrae.
Amen.

Jesus Cristi, ánima rey, rex amat "Adoro te devote, latens Deitas, Quae sub his iguris vere latitas: Tibi se cor meum totum subiicit, Quia te contemplans totum deficit. Tamen reges obsequitur reges amen.

Al cabo de un rato, vio que todas las palabras que había descubierto era latín antiguo y  cuando estuvo seguro le preguntró a su madre qué signficaban aquellas palabras que había apuntado y su madre muy extrañada de que este chico le gustara el latín tan pequeño  se lo dijo: Todas esas palabras significan: ama a tu rey, obedece a tu rey quiere a tu rey. Y ¿para qué quieres saberlo?

 

…Continuará

 

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