Sexta Entrega del cuento: Nassccio de Zorrillan y la Esfera Blanca por Ray Niebla

Sexta Entrega del cuento: Nassccio de Zorrillan y la Esfera Blanca

   Ray Niebla

-Nada cosas mías- contestó Nassccio obnubilado todavía. No le había hecho falta Boldo para descubrir el significado de aquello.

Se fue muy pensativo de las habitaciones de sus padres, pero su mente le decía que con aquello no tenía nada. Sí, sabia que tenía frases sueltas descubiertas a través de esos campos de luz que había descubierto donde estaban y que desde luego sería la luz la que lo llevaría hasta nuevas pistas, pero ahora qué hacía con aquello. Nada, decididamente tenía que ir a buscar a Andrógenes.

Esta vez tuvo que indagar bastante para encontrarlo, pues estaba en las márgenes del lago más grande de la zona pensando, como casi siempre, y se sentaba en la fresca hierba que  adornaba los márgenes de dicho lago. Su magnífica calva relucía con el sol como una luciérnaga en plena noche, y el sol se reflejaba en ella como un espejo y le daba un halo de santidad a este hombre tan sabio y tan extraño a la vez. Porqué los hombres sabios eran tan raros. Y una llamada de atención le vino a la cabeza, y ¿porqué no hay mujeres sabias?

Nada más llegar a su altura y sin preámbulos se lo preguntó a Boldo:

-¿Porqué no hay mujeres sabias?

Andrógenes lo miró y se echó a reir a carcajadas. No era posible que un chiquillo de esa edad tuviera esos pensamientos. Decididamente este chico no era de este mundo. Vivía en un sueño, un sueño que le daría muchos quebraderos de cabeza cuando despertase. Movió el agua con el palito que tenía en la mano y le dijo:

-Cuando mueves el agua qué pasa- le preguntó.

-Pues que se hacen círculos y cosas raras- contestó Nassccio, poniendo cara de tonto por no saber dónde quería llegar este sabio.

-Pero si no mueves esta agua no  hace nada, ni círculos, ni rayas ni ondas ni nada. ¿No?-

-Claro hace falta algo que las mueva, una piedra, una vara, el aire-

-Pues eso pasa con las mujeres. Nada hay que las haga mover su intelecto, porque no las dejan, porque no quieren, porque no se rebelan, pero algún dia eso cambiará y entonces sí habrá mujeres sabias. Al menos eso espero-

-¿Y te has venido hasta aquí para preguntarme eso?- Esa pregunta no tendrá respuesta, al menos en los próximos siglos-

-No, te busco para que me ilumines en el camino que tenemos a medias y que yo no sé qué hacer  en el momento que estoy- Le explicó su descubrimiento y el latín, la luz, todo lo que había hecho y cómo se había quedado parado sin saber qué hacer.

-Bueno vamos a ver: tenemos dos frases que nos dicen que hay que creer, respetar y amar al rey, pongamos, para entedernos, a Dios. Dos frases en dos sitios distintos, pero normalmente  Dios se representa con un triàngulo, como la Santísima Trinidad, El número mágico de las creencias es el tres, por lo tanto nos falta otra frase que aluda a esto más o menos, de manera que, tenemos que buscarla.

Nassccio, abrió los ojos muy abiertos y le dijo a Boldo que en el dormitorio de sus padres hay una inscripción en uno de los muros que  hay detrás del dosel de la  cama y que dice: Lealtad hacia mi rey nuestro señor; y tiene además una espada muy pesada entre rey y señor-

-La espada es pesada, pero nunca paseada- dijo boldo, mientras observaba a un conejillo que se asomaba por la madriguera con su carita de bobo, escudriñando los alrededores para ver si podía salir sin riesgo alguno.

-Otra vez la fracesita, y qué tiene que ver esto con lo que estamos haciendo- preguntó Nassccio un poco mosqueado con las apreciaciones de este hombre calvo.

-Pues mucho. Mira la espada es el símbolo de la cruz, de la muerte, de la violencia de la ira y el fragor guerrero, pero tamibién es el símbolo de la pasion de nuestro rey, de Jesús, ese gran hombre que nos dijo lo que deberíamos hacer  y pensar de los demás, para que hicieramos un mundo mejor, y en este caso los maestros canteros dejaron claro que aquel que descubriera el tesoro, debería tener a la espada como la cruz pesada del calvario y no  airearla como arma  de imitación de guerras y envidias, y para ello la introdujeron en el centro de la inscripción para que aquel que descubriera su significado nunca empleara ese tesoro contra los demás. Fijaté si tiene enjundia esa frase, que por otro lado debes saber y asimilar para siempre.

-Bueno y ahora qué- dijo Nassccio sin entender todavía muy bien todo aquello.-Ahora tenemos las tres frases y qué hacemos con ellas-

-Bueno no tengas prisa- contestó Boldo muy risueño y refocilándose de la impaciencia de este niño tan íntegro e inteligente.

Se levantó parsimoniosamente y con la vara en las manos se dirigió hacia un pequeño llano donde no habia hierba, si no tierra, seguido  con cara de pocos amigos por Nassccio, y cuando llegaron al centro de este pequeño parque natural de tierra, Boldo, comenzó a dibujar unas líneas en el suelo.

-Mira este es más o menos el plano del castillo, y ahora señalamos dónde estan las tres inscripciones: Aquí, aquí y aquí, y ahora las unimos con unas líneas y qué tenemos- le preguntó a Nassccio- A ver ahora debes poner en juego tus conocimientos de geometría euclidiana-

El chico muy ufano y sabiendo lo que le estaba preguntando le dijo:

-Pues un triángulo-

-Muy bien un triángulo, y ahora deberemos buscar el centro de ese triángulo. A ver cómo lo harías-

Nassccio se quedó pensando y comenzó a dibujar línea tras línea, en aquel mapa de tierra, sin encontrar ese centro que se le escapaba sin saber cómo. Su cara estaba roja de ira, cuando se acordaba que esta lección la había dado con el profesor, con el maestro, pero estaba claro que  tuvo que poner poca atención, pues no se acordaba de nada.

Andrógenes viendo su frustración le dijo en tono  amigable, paternal: -Ahora te deberías dar cuenta de cuan importante es prestar atención a todo lo que te dice el maestro, pues todo lo que te cuente, es ni más ni menos que el saber de otros muchos que antes que él tuvieron el trabajo y el sacrificio de investigar, pensar, dilucidar, resolver todas las cuestiones que la vida les planteaba y así uno tras otro llegamos a donde estamos, y a donde llegaremos con el tiempo. Así pues imáginate la responsabilidad que tenemos todos de aprender lo que nos dicen los maestros, nuestros mayores y nuestras costumbres-

-Bien pues nada más fácil- prosiguió Andrógenes- Si trazamos una perpendicular a cada uno  de los lados y la extendemos hasta que cruce sus lados, allí donde se corten las tres líneas, será el centro-

-Fácil ¿eh?- Cuando las cosas se saben qué facil es todo. La investigación es encontrar las cosas que están ahí, pero que no las vemos. Nuestro querido Miguel Angel Buonaroti, decía que él no hacía nada, sólo sacaba de la piedra lo que ya estaba dentro de ella. Y fijate que obra como la Piedad, por ejemplo-

-¿Quié era ese Miguel Angel?

-Nada ya te lo explicaré, si no lo hace tu maestro, otro día-

-Bien y una vez unidas las tres lineas, ¿qué tenemos en el centro?

-La Capilla del Castillo- contestó Nassccio entusiasmado.

-Pues sí, la capilla del castillo y de la ciudad pues no hay otra, al menos de momento, y es allí donde tendrás que buscar de nuevo la pista siguiente, bien de luz o bien de piedra o bien alguna inscripción, en fin no se. Yo no sé  todas las cosas, únicamente las deduzco y te enseño a deducir, pero ahora tienes que ser nuevamente tú el que me traigas las pistas y yo te ayudaré como siempre lo hago. Si es que lo sé, si no pues no te podré ayudar-

-Pero si tú lo sabes todo- le dijo Nassccio mirándolo con admiración.

-Mira hijo, todo aquel que piensa que alguien lo sabe todo, o se cree él mismo que lo sabe no deja de ser un insensato, necio  y vanidoso que nunca llegará a ningún sitio porque nadie, nadie en la tierra sabe todo lo que sucede ni lo que hay, y cuando el hombre sepa demasiado de lo que no sabe, estaremos en el caos-

-Otra vez con sus acertijos. Este hombre es que no sabe hablar si meter cosas raras en la conversacción: cuando el hombre sepa demasiado de lo que no sabe. Y esto qué quiere decir-

El tiempo se les había echado encima con sus diatribas y volvieron al castillo hablando y departiendo como dos amigos que se llevan bien, pero que tienen algunas discrepancias, y en el camino se encontró con Numeria que estaba con los ojos llorosos, a lo que Nassccio le dijo a Boldo- Me quedo, ya te veré mañana o pasado. Ya te contaré-.

Andrógenes, se sonrió y le deseó suerte a su amigo, pues la iba a necesitar ya que  cuando una mujer llora las complicaciones están a la vuelta de la esquina, y si estás enamorado de ella con más razón y aunque  la edad de Nassccio era muy corta, todavía, no era óbice para que su enamoramiento  le llevara por derroteros desconocidos

-¿Porqué lloras Numeria?- le preguntó con mimo.

Y Numeria entre suspiros y sollozos lo miró y se abrazó a él como si fuese una tabla de salvación, Y Nassccio se quedó mudo. Sin saber qué hacer, asi que se dejó llevar por sus sentimientos y también la abrazó y sintió una sensación de plenitud de dejación, de paz y entrega.

- El tonto este de Doliente que me ha dicho que no me quiere porque te miro mucho a ti-

-Bueno, pero eso no es tampoco malo. Uno debe hacer lo que cree conveniente sin que nadie te tenga que criticar por ello. Si es verdad que me miras, por algo será ¿no?-

Numeria se separó de él y se le quedó mirando como si estuviera viendo a un fantasma y le espetó:

-¡Pero si yo no te miro nada!- No te vayas a pensar lo que no es. Anda que tu también. Todos los chicos sois iguales- Se echó el pelo hacia atrás con un movimiento de cabeza y muy orgullosa se marchó hacia sus aposentos dejando a Nassccio con cara de tortuga escacharrada.

Otra vez comenzaba a llover, y las gotas hacían un ruido relajante en los charcos que Nassccio encontraba a su paso cuando marchaba para su casa. Las gotas levantaban pequeñas pompas  cuando caían debido a la fuerza que llevaban, y cuando esto pasaba, los viejos del lugar decían que se acercaba un tiempo lleno de tormentas y malos augurios, pero sólo eran cosas de viejos.

Cuando iba a entrar en su habitación sonaron las campanas de la capilla y su extraño sonido, pues parecía que no era igual que cuando no llovía, hizo que se detuviera y decidiera ir hacia allí a ver qué estaba pasando pues las campanas sonaban siempre que ocurría algún evento.

Llegó hasta la puerta y se la encontró abierta. Cosa natural pues habia gente dentro, y entró.

En el altar, estaban su padre, uno de los  curas y un hombre vestido a la usanza pero con un gran collar, del que enseguida se enteró que era el Comendador, y el encargado de todas las componendas de la corte, del castillo y encargado de los arreglos de las cosas de las iglesias, pues por algo era el de mayor jerarquía del entorno, y al parecer estaba allí porque se había abierto una grieta en una de la ventanas donde se hallaba una cristalera de la Virgen Maria muy adorada por las gentes del castillo. Como aquello no le aportaba nada y no le hacían ningún caso, se puso a deambular por allí a ver qué  había, pues hacia ya tiempo que no iba a la misa, y por lo que se llevaba algunas reprimendas. No iba buscando nada, pues sabía que tendría que seguir con su investigación siendo de dia ya que la experiencia de los demás sitios encontrados habían supuesto a la luz, como la llave de todo aquello  que pudiera tener  relación con  el misterio de las cosas que había encontrado.

Así que  se fue por detrás del altar, por el deambulatorio, que era muy angosto y estaba oscuro, y como le dio un poco de miedo al ver las tumbas de los arzobispos allí enterrados se dio prisa por salir de allí, pero cuando ya se acercaba al final de la curva del deambulatorio, una pequeña gota de agua le hizo mirar para arriba  y se dio cuenta que había una ranura por la que entraba el agua, pero que también parecía que dicha ranura se metía por detrás de la pared, como si diera acceso a otra estancia.

Se extraño muchísimo, pero era imposible subir allí. Estaba muy alto y además no había ni escalera ni nada, era una pared de granito vertical con lo que hacía imposible  averiguar que había detrás de aquella ranura.

Pensó en esperar a que se fueran los tres que estaban conversando allí y volver a ver si de alguna manera podría subir y echar un vistazo, pero se lo pensó dos veces en quedarse solo allí en tales circunstancias, así que corrió a renunirse con su padre y casi al momento se fueron los cuatro quedando en que  al dia siguiente mandarían a algun albañil a arreglar la cristalera, con lo que  también le quedó claro que nada sabian de la grieta.

Como iba un poco inquieto por la tensión que habia sufrido, allí en la soledad del deambulatorio de la capilla, tan solo, tan lugubre, tan silencioso, hizo acopio de todo su valor e intentó mostrarse en la cena con sus padres y su hermana tranquilo, y sosegado, pero lo hizo tanto que tambíen les llamó la atención a su madre y a su hermana que no se les escapaba ni una.

-Te ha pasado algo hoy, que están muy pasivo Nasccio- le pregunto su madre-

-Nada que estará como siempre atontado con las cosas que le cuenta el maestro ese que tiene- le espetó su hermana como siempre metiéndose con él.

Nassccio la miró y le dieron ganas de  darle un tortazo para que se callara, pero miró a su padre que estaba esperando una respuesta y  para no liarla hizo lo que siempre le decía Andrógenes: "ante una provocación, indiferencia" y contesto a su padre con educación.

-Nada, que he estado entrenando a espada y estoy bastante cansado, asi que si  no  les importa me voy a mis aposentos-

Sus padres asintieron y su hermana se rio entre dientes cuando la miró y él le saccó la lengua en gesto despectivo.

Cuando estuvo en su habitación, volvió a sentir el pinchazo del miedo, pero enseguida se refugió en su esfera blanca, y pronto se quedo dormido en paz. Aquella esfera era su protección, era su espada, era  su angel de la guarda.

A la mañana siguiente se despertó cogido a la almohada y con la sensación placentera de haber dormido muy bien. Aunque parecía haber soñado algo distinto. Parecía como si hubiese vivido en otro pais, con otra familia. Se lavó la cara, se peinó y cuando desayunó, se dirigió a la capilla. El sol estaba en lo alto y ya era hora de comenzar a buscar y a encontrar ese tesoro que tanto anhelaba.

Era martes, y los martes había una especie de mercadillo donde se vendían todas las cosas más inverosímiles que se podía pensar: llaves viejas, fruta de todo tipo, alguna hasta mordida por alguna joven sin dientes, telas para vestir a cualquier noble o a cualquier pobre, camisones de quijote con gorro coupé, especias de todo tipo que le daba un olor característico y anulaba la falta de lavado en los transeuntes, en fin una barahunda de cosas y personas que hacía casi imposible andar. Suponía Nassccio que cuando el tiempo avanzara estas cosas debían perderse porque le parecían una tontería, aunque penso; a veces tiene su encanto.

Se encontró con algunos de los hijos de otros nobles de otros castillos y tierras y habló con ellos de manera amable y distendida, pero no se quedó a jugar al principe enamorado porque le parecía una chorrada eso de tener que entablar conversación con cualquier chica que pasara a su lado e intentar conquistarla; él no estaba para esas bromas tenía cosas más importantes que hacer, entre ellas descubrir un gran tesoro que le haría la vida más facil.

Cuando llegó a las puertas de la iglesiacapilla, éstas estaban cerradas con lo que su frustración llegó al límite, pero una vez más llegó hasta sus oídos la voz de su maestro de escuela; ese tio tan raro, casi como como Andrógenes, pero que sabía de todo más que nadie: La perseverancia no es un don, es misterio que sólo lo sabe el que la tiene, y el la tenía ¡vive dios!

Dio la vuelta por la parte de atrás donde sabía que había otra puerta que era donde vivía el cura y que siempre estaba abierta, pero esta vez también estaba cerrada. Este maldito cura estará en el mercadillo, pensó. Miró hacia arriba y vio una ventana abierta, alta sin reja  y de muy fácil acceso lo que hizo pensar a Nassccio que siendo tan fácil cómo no la habían robado ya, pero enseguida pensó que nadie se atrevia a robarle a Dios por la supuesta venganza de éste o de sus curas. ¡Menudos eran!

Se encaramó al alfeizar de la puerta, se agarró a la barandilla de la ventana y saltó dentro. No había nadie en la calle y lo hizo con tal limpieza que hasta él mismo se extrañó.

Recorrió la vivienda del cura parroco y se dio cuenta de que el muy guarro aún tenía la cama sin hacer y cosa rara, encontró una pieza de vestir íntima de una mujer, pero no le dio importancia porque no sabía qué podrían hacer allí y se dirigió inmediatamen te a la salida hacia la capilla.

 

 

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Ray Niebla