HOMENAJE A MI “IAIA” Judith Aregay-Castro

HOMENAJE A MI  “IAIA”

 

Con este escrito quiero hacer un cariñoso homenaje a mi “iaia” y a toda su generación.

Como en todo homenaje, hay dos compases elementales que me han movido a escribir estas líneas: admiración y agradecimiento; sentimientos que brotan espontáneamente en mi corazón, tanto hacia la persona que aquí le escribo, como hacia todas las eufemísticamente denominadas “de la tercera edad”. Personas que, ya en el atardecer de la vida nos han dado tanto y, a veces, sólo reciben soledad e incomprensión.

Admiración por su manera de ser y pensar, dignidad y coraje, respeto, humildad, lucha, persistencia y sencillez. Vida de entrega, servicio, generosidad desbordante, responsabilidad, ayuda, compromiso y mucho amor. Sus conocimientos están escritos en el libro de la vida, adquiridos en el mirar, pensar, observar y sobre todo, mucho amar.

Por todo lo que acabo de relatar y por mucho, muchísimo más, siento un hondo agradecimiento y pienso que mi generación que tanto les debemos, tenemos una deuda pendiente de gratitud hacia ellos.

A ti, iaia, quisiera pagar, muy modestamente, con estas líneas un merecido homenaje a tu valor, esfuerzo, tenacidad y afán de superación día a día, donde no ha habido muro que se te resistiera y como nos ha demostrado que nada, nada es imposible cuando realmente lo deseas,

Cuando en el ocaso de la vida creíste que ya no nos era tan útil y plasmaste tu tiempo en un lienzo, nuevamente, nos volviste a sorprender. No hay boceto que se te resista, ni aún cuando tu temblor sobrevenido con la edad, te lo hace difícil. Nos dejas un buen legado con tus numerosas obras de valor sentimental incalculable.

Acabo con tu famosa frase dedicada a todos y a todas: “¿En qué te puedo ayudar?

Gracias, mil gracias a ti “iaia”  y a todos los de tu generación, por enseñarnos tanto.

 

Judith Aregay-Castro