El asesino de Dios por Ray Niebla

El asesino de Dios

 

La noche resulta grata por el silencio que produce, y la ralentización de todas las constantes, y aunque los sentidos pueden sentirse más apagados, sólo es una impresión, pues cuando la mente está muy ocupada en algo  que no logra entender es cuando se disparan todas aquellas sensaciones que casi siempre conducen a la solución.

 

Pero esta vez era diferente,  porque su mente no daba más de sí, y la oscuridad de la Comisaría, solo atenuada por la lámpara de mesa que el Inspector Diego D. Bruma tenía en su despacho, no le ayudaba a encontrar y  conducir a buen puerto todas las  observaciones que hacía unas cuantas horas tenía entre las manos.

Frente a él una pizarra, o mejor dicho, un cuadrado hecho a mano, por él mismo, de corcho, colgado en la pared, donde iba pinchando todas y cada una de las pruebas o indicios, o simplemente interrogantes del caso que le ocupaba, y  aunque ello ayudaba casi siempre, a resolver y recordar muchas de las cuestiones, que incluso los casos más simples tenían, otras veces, como era esta, no hacían que avanzara en nada y  contribuía a que la mente del Inspector no dejara de trabajar, aún en su fase de pleno agotamiento. A él le habían encargado la solución del caso, cuando en más de tres años nadie había podido lograrlo.

Sentado frente a esta especie de pizarra, y con la linternilla llavero en la mano, iba alumbrando todas y cada una de las oraciones, fotos, folios con croquis, e incluso  iluminaba las chinchetas que sostenían todas estas secuencias.

«Yo soy… español; «oíd  yo soy»   «Di yo soy…español  «Soy yo»  «I0…último»

Todas estas frases, y alguna más, rezaban en las fotografías que se habían hecho en los lugares donde se habían cometido los crímenes de un asesino en serie que traía de cabeza a los mejores investigadores que tenía la Policía Nacional y la Guardia Civil. Iban ya once asesinatos, aunque  cuando los detectives vieron la leyenda 10… último, pensaron que el psicópata dejaría de matar a gente por motivos desconocidos, aunque los psiquiatras de  los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad  aseguraban que un loco de estas características nunca dejaría de hacerlo hasta que no se detuviera, o muriera, y eso parecía ser lo que venía sucediendo, pues hacía escasamente dos días se había producido el undécimo asesinato.

Así mismo se dio cuenta que en la parte baja de las paredes donde se ubicaban los escritos, medio emborronados aparecían, algunos nombres, sin ningún sentido para la investigación como: ordenador, alisan, acusar, añadan etc. no tenían ningún sentido. Seguramente eran palabras de otros pintamonas que antes de estos hechos frecuentaban el lugar abandonado.

Los escenarios del crimen siempre eran los mismos. La víctima, siempre mujer, de entre veinte y treinta y cinco años, aparecía en un caserón, o casa abandonada de la localidad donde se había producido el crimen, sentada y atada  en una silla, casi siempre vieja y destartalada buscadas en algún vertedero,  y que nunca se había podido saber a quién o quiénes pertenecían.  En las paredes, donde rezaban estos escritos, previamente, el fondo, habían sido  pintadas con pintura azul cielo que  Bruma estaba mirando embobado esa noche en la Comisaría de Policía. Eran las tres de la mañana cuando decidió tumbarse en el viejo y desvencijado tresillo que había en su despacho y que fue testigo de muchas noches sin dormir de otros investigadores que antes que él ocuparon ese habitáculo.

La muerte se la producía con un estilete que siempre dejaba clavado en la cabeza a la altura del parietal derecho, aún no sabían cómo conseguía clavarlo de una manera tan perfecta, sin que apenas hubiera sangre y sin que dejara rastros de haber intentado clavarlo de un golpe. No habían conseguido saber dónde se procuraba el asesino estos estiletes, y la única solución era que se los fabricaba él mismo. Tampoco habían averiguado cuál sería el móvil de estos asesinatos y a tenor de los escritos, teorizaban que podría tratarse de algún hincha de algún partido político de tipo fascistoide, o incluso de alguien de la extrema izquierda patriótica, pero habían investigado a todos estos grupúsculos de manera intensiva y en profundidad, a través de los policías infiltrados que estos grupos tenían, y no habían sacado nada en claro, de manera que llevaban ya más de tres años intentando encontrar y detener a este  sujeto, del que tampoco podía saberse si era hombre o mujer, porque la limpieza y la poca violencia de los asesinatos, podrían ser efectuados por una mujer, aunque eso sí fuerte y grande, pero por otro lado la disposición de las pintadas y las letras, aseguraban los grafólogos que eran las de un hombre.

Bruma, se quedó dormido en una nebulosa de sueños incoherentes y con unos miedos  estrafalarios que lo conducían a sitios insospechados y con  asesinos de caras descomunales que iban cambiando sin ninguna  condición ni razonamiento. Se solapaban unos a otros y las situaciones se iban configurando de manera aleatoria de manera que  daba unas encogidas o sacudidas de tal calibre que en una de ellas se quedó entumecido de una pierna.

Se despertó del todo cuando  los compañeros comenzaban a llegar con el turno de la  mañana, que amanecía deslumbrante con un sol encarnizado y rojo  que calentaba más de lo normal y que hizo que Bruma tuviera que taparse los ojos por la luz que entraba por la ventana. Tenía un aspecto horroroso, con unas ojeras que le llegaban a los pies y la boca seca, del miedo que había pasado.

Lo primero que hizo fue mirar al panel de las pruebas a ver si había cambiado algo, pero su desilusión llegó hasta el extremo de tener que sentarse de nuevo porque un mareo le rondó por la cabeza y el sentido común le dijo aquello de «un objeto sólo se mueve si hay una fuerza que lo desplace» y entonces se dio cuenta de que la fuerza estaba en él y comenzó de nuevo con algo que tenía que comprobar.

Sin desayunar, medio deshidratado comenzó a hurgar en el grueso expediente de este caso y buscó  todos los lugares donde se habían producido los asesinatos, y a eso de las dos de la tarde, cuando ya estaba completamente mareado por no haber comido ni bebido nada en más de veinticuatro horas, se dio cuenta de lo que  había descubierto.

El primer muerto hacía más de tres años en Doñana,  en Almonte Huelva,  El segundo, en  Illar de Almería. El tercero en Olite Navarra. El cuarto en Sedano Burgos. El quinto en Huéscar Granada. El sexto en la Alanís Sevilla. El séptimo en  Belorado Burgos. El octavo en Lerma Burgos. El noveno en Arredondo Santander, el décimo en Escalona Toledo. Y el undécimo en Sigüenza. Guadalajara.

No tenía aquello ni pies ni cabeza, no había Dios que entendiera nada, porque qué cabeza calenturienta iba a producir tantos asesinatos sin orden ni concierto. No, el ser humano siempre hace las cosas por algo. Nunca se actúa sin ton ni son, y siempre hay un móvil y un orden siempre, y en este caso Bruma comenzaba a intuir cuál era uno de ellos.

Volvió la cabeza hacía la pizarra y volvió a leer:

«soy dos» «dos sois…españoles  «yo y dos,  sí»

Aún con la intuición a flor de piel y con la seguridad de haber encontrado un camino, no acertaba a comprender estos escritos. Su descubrimiento no guardaba relación con ellos. Al parecer nada podía unirlos y entonces esa pista sería como tantas otras, inútil

Comenzó a escribir la primera letra, por el orden de fecha y lugar de los crímenes, de los pueblos donde se habían cometido y el resultado fue:

D  I  O  S  H  A  B  L  A  E  S…

Un pequeño mareo le avisó de que estaba en el buen camino pero debería comer algo antes de continuar con el cerebro sin apenas alimento para seguir pensando; necesitaba glucógeno a marchas forzadas, por lo que decidió irse al bar de la esquina y comerse un buen bocadillo de tortilla y una buena cerveza que hizo que salivara sin apenas quererlo.   Eran ya las cuatro de la tarde y no consiguió encontrar la tortilla tan esperada pues a esa horas ya no quedaba nada, así que no le quedó más remedio que tomarse un bocata de lomo a la plancha que tampoco estuvo mal.

Después de dar buena cuenta de la comida y sin apenas haberse enterado de los compañeros que le decían hola o ¿qué tal?, salió del bar y se fue  a dar una vuelta a la plaza que había cerca de la Comisaría,  a sentarse en un banco de los que el Ayuntamiento tenía dispuestos para la gente que lo quisiera y que por cierto, siempre estaban ocupados por jubilados que con los ojos puestos en todo lo que pasaba despachaban sus ratos de ocio.

Dioshablaes…dioshablaes…dioshablaes..

¡¡Claro!!   ¡¡¡Dios habla es…pañol!! Dios habla español.  ¿Pero qué coño podría significar todo aquello¿ ¿Qué tenía que ver Dios en todo esto? Joder, en vez de encontrar algo de lo que tirar se lo había complicado una vez más, pero no podía ser  la casualidad la que le dijera todo esto. Era imposible que un individuo escogiera aleatoriamente a sus víctimas y los lugares de hacerlo y que se conjugaran todas las fuerzas del universo para que las iníciales dieran  como producto esto de Dios habla español. Tenía que tener algún significado más.

Dedujo que ahora si podría saber dónde iba a ser el próximo asesinato. Debería comenzar por P. Sí el próximo debería ser en una localidad que comenzara por P.

Así que sin dudarlo se marchó rápido a Comisaría sin darse cuenta que los transeúntes lo miraban raro porque iba diciendo todo el rato: Dios habla español. Tenía que ser esto. No podía ser de otra manera.

Cuando llegó a Comisaría buscó en Google: pueblos de España que comiencen por P.

Palencia, La Palma, Palmar, Palos de la Frontera, Pampaneira, Pamplona, Penedes, Peñaranda de Duero, Peñiscola, Picos de Europa, Pilar de Horadada, Pinos Puente, Pizarra, Plasencia, Pontevedra, Priego, Puentearenas, Puente del Arzobispo, Puente la Reina, Puerto Banús, Punta Umbría, El Puerto de Santamaría… y así hasta unos cientos más.

Estos eran los pueblos que comenzaban por P en España, y una nube de desesperanza lo invadió, hasta tal punto de tener que irse a lavabo a mojarse la cara con agua fresca para no caerse al suelo redondo. La digestión no iba bien, y un malestar lo invadió, aunque no le dio importancia. Se dio cuenta de que podría ir eliminando si seguía el razonamiento del asesino, por lo que debía descartar un montón de ellos, porque no había ni nombres compuestos ni ciudades, y la cantidad de  habitantes era parecida. Pero aún así le salieron tal montón, que le pareció una tarea de chinos, pero  no se desanimó, porque tenía que encontrar el nexo común  entre los que  se habían cometido los crímenes.

Manos a la obra y Bruma se aplicó a encontrar algo que le pusiera tras la pista de la localidad en la que el asesino podría cometer su próximo crimen.  Así que comenzó a estudiar de lleno todos esos pueblos que le quedaban por si hubiera alguna pista que le dijera en cuál de ellos  sería.

Pero una mala noticia vino a colmarlo de desazón en sus pesquisas, e hizo que se llevara las manos a la cabeza con desesperación. Aquello no tenía remedio. El puto asesino se adelantaba siempre a sus descubrimientos.

El correo decía que se acababa de cometer el último asesinato en Priego en Córdoba y las características eran las mismas. Todo era copiado. Los mismos lemas, la misma pintura azul, la víctima con el estilete clavado, pero ahora venía una nueva información de los laboratorios de la Policía. La muerte no se la producía el estilete, si no una potente droga que apenas dejaba rastro y que hacía que el individuo no sufriera apenas nada.

¡Ahora va a resultar que tenemos a un asesino múltiple que tiene corazón! No me lo puedo creer.

Era una molécula de tetracanabinol a la que se le añadía una endorfina y lo convertía en pentacanabinol, mortal de necesidad, pues dejaba de pertenecer a los terpenofenoles y hacía que el cerebro se situara en un ámbito lejano al dolor, por lo que la muerte era producida por una exagerada disfunción de la relajación que hacía pararse el corazón.

Ajeno al desaliento, y dándose a sí mismo un fuerte impulso diciéndose obsesiva y compulsivamente «te pillare cabrón» «te pillare cabrón» «y antes de lo que esperas» Bruma se volvió otra vez hacia las poblaciones que comenzaran por A, siguiente letra en la oración, y en este caso como se repetía esa letra dos veces en la palabra «habla» se decantó por comenzar a estudiar pueblos de las mismas características de los dos que comenzaban por A, y que ya habían sido elegidas por el asesino.

El tiempo pasaba y los mandos se desesperaban, pues no había manera de detener la disposición del asesino a cometer estos actos sin orden ni concierto. Jamás se les había presentado un caso así. Bruma pasaba los días, las noches, con un montón de gente leyendo y buscando nexos de unión entre los distintos pueblos de España que comenzaban por A, pero no descubrían nada.

Sí, un montón de relaciones económicas, políticas, sociales desde tiempo inmemorial, señal inequívoca de que España es una realidad política unitaria desde hace muchos cientos de años, pero no les servía para pillar a este individuo que tanto mal estaba haciendo a la sociedad.

Repasando los datos de los escudos heráldicos, vio con sorpresa que el escudo de Sevilla y el de Santander eran prácticamente idénticos, de manera que se centró en esto y dedujo que si había más que fueran así no tendría sentido, pero si había solo otro  que fuera igual y además comenzara el pueblo al que perteneciera este escudo con la A, tendría sin duda el sitio donde se iba a producir otro asesinato, y leyendo historia de estos hechos llegó a Lanzarote  donde  había una ciudad, más bien un pueblo llamado Tias, cuyo escudo heráldico era casi una copia de los de Sevilla y Cantabria, pero no comenzaba por A, La historia de estos tres escudos era fascinante y se prometió así mismo que cuando cazara a este asesino profundizaría más en este tema. El único pueblo que comenzaba por A en Lanzarote era Arrecife, a unos quince kilómetros de Tias.

Una idea absurda surgió en la cabeza de Bruma, y rápidamente se fue a las fotografías y a la pizarra donde estaban pinchadas y un tridente de satisfacción se le clavó en el alma, pero de felicidad. Allí, en una de las fotografías, estaba en un rincón sin apenas, perceptible la palabra «ricefear» a la que no le dio ninguna importancia cuando examinó una por una ateriormente, pero ahora la luz se le hizo patente. Ahora sí, ahora si sabía lo que iba a pasar y cómo funcionaba la mente de este asesino. Todas las palabras que estaban ahí puestas como si no tuvieran importancia se agrandaron como por arte de magia y vio que  Ordenador era de Arredondas, noveno asesinato,  Alisan, era Alanís sexto asesinato, y ahora Ricefear, era Arrecife, igual que Casaleno era Escalona, o Telio era Olite.

Era de locos, pero todo estaba bien urdido y además parecía como si fuera dejando pistas para que lo cogieran.

¿Pero porqué la referencia a Dios? Y ¡entonces también lo vio! Joder, cuando elcerebrose pone, es que se pone. Todas las frases que escribía este individuo estaban formadas con las letras repetidas de la palabra Dios, pero cambiando la letra yi griega, por la i latina: y así formaban «yo soy, por io soi» o «oíd soy yo, por oíd soi io»  «Di yo soy, por di io soi» todas con referencias a la Esencia propia de Dios en la filosofía cristiana. El Yo Soy…el Alfa y el Omega, o cuando se hace referencia a una acción que quieras cambiar en tu personalidad comienzas por decir: yo soy… fuerte, yo soy… sano etc.

Con todo esto descubría cuál era la motivación del asesino, porque estaba claro que lo que pretendía era reivindicar que sólo en el idioma español se puede comunicar al Esencia del Creador. No hay otro idioma en el que la palabra Dios encierre esa cualidad.

Así pues, iba dejando pistas para que el investigador las siguiera y lo encontrara, cosa que hasta ahora no se había conseguido. Así que ya sin dudas, comunicó sus descubrimientos a la Superioridad que como siempre fue tajante: No tenemos suficientes pruebas para saber que pueda cometer otro delito en esos sitios que dices, le espetaron, y viendo la imposibilidad de tanta estupidez, actuó como siempre hacía: sacó dos billetes de avión, uno para él y otro para un compañero de vicisitudes que lo seguía siempre en sus investigaciones y se marcharon  para Lanzarote:  uno para Arrecife y otro para Tias, lugares donde estaba convencido se iba  a cometer otro hecho delictivo. Estaba claro que las pruebas y los indicios los conducían hacia esas dos ciudades. Una por que comenzaba por A y se contenía en las palabras escritas por el autor y el otro porque no había en toda España otra similitud en el escudo heráldico. Este hecho heráldico, no pudo confirmarlo en los anteriores asesinatos, pero seguramente era porque no tenía tiempo, y estaba seguro que lo habría, como lo había en este.

Además no le cupo la menor duda cuando observó bien el escudo deTias. Un cielo azul, que puede significar ascensión, una vela que puede significar alma o luz y una representación de la lucha canaria que se puede interpretar como amor a los ancestros, a las costumbres, amor a la tierra. Tres palabras que ponen en sustancia la grandeza del Creador y que contienen las tres la letra A: Amor, alma, Ascensión.

El municipio de Tias a doce kilómetros de  Arrecife, con unos veinte un mil habitantes, en una tierra volcánica y con  unas casas blancas y escalonadas, que por cierto también concuerda con el asesinato en Escalona, es un oasis de tranquilidad sólo  alterado por la cantidad de fiestas populares en los distintos barrios.

Bruma llegó al municipio y lo primero que hizo fue contactar con un guardia municipal bastante peculiar, por lo que le había comentado un canario de aquel pueblo que estaba en su brigada. Este hombre era un conocedor perfecto de todos los pueblos de alrededor y sus lugares abandonados por ser un fotógrafo de estas cosas y por gustarle dejar constancia, para la posteridad,  la evolución de esos  pueblos que como cosa viva cambian de un año para otro.

Rosario, que así se llamaba este municipal y sin que nadie más que ellos dos supieran lo que se iba a hacer, lo condujo hacia varios lugares abandonados, pero con posibilidades de que se cometiera el hecho.  Y dado que las autoridades de todos sitios son reacias, cuando no  incompetentes, pues ponen el énfasis más que en la protección del ciudadano en sus intereses particulares, decidieron no contarle a nadie nada y vigilar por su cuenta, y después de varios días haciendo una inspección profunda, discreta y secreta dieron con un lugar; una nave muy antigua, desvencijada, en la que entraron dándose cuenta antes de que había un testigo casi imperceptible puesto en la ventana por donde se podía pasar, pues la puerta era fuerte e inexpugnable,  donde como por arte de magia aparecía una silla, llena de polvo y vieja, y junto a la pared un bote de pintura azul y otro de pintura roja, y ya no les cupo más duda de que allí se iba a cometer otro asesinato.

Ahora sólo les quedaba esperar.

Dos días con sus noches estuvo Bruma escondido en lo que antaño fueran las oficinas de la nave y que ahora era sólo cuatro paredes medio hundidas, pero le dio pie a esconderse bien, y sin hacer ruido alguno aguantó allí estoicamente. Las luces de la noche, en ese lugar, parecían fantasmas que se lo iban a comer cuando daba alguna cabezada. El municipal se encargó de traerle comida y bebida suficiente y él mismo se apostó en una nave que había enfrente con unos prismáticos y con el whassap como comunicación en silencio.

A eso de las diez de la noche del segundo dia, un vehículo aparcó cerca de la ventana, y un individuo,  tras comprobar que el testigo de la ventana estaba en su sitio, la abrió y tras dejar lo que parecía un cuerpo muerto o dormido en el alfeizar, entró y cargó con el cuerpo hasta dejarlo sentado en la silla que había. Sacó una potente linterna que iluminó toda la nave, no sin antes haber tapado bien la ventana con un rollo de papel que también traía. A Bruma su figura le pareció extrañamente femenina, pero fuerte.

El individuo afeminado se acercó al cuerpo que estaba como medio dormido y que Bruma desde su escondite vio que era una chica de unos veinte años, y le echó un poco de agua en la cara, pero lo hizo como si no pretendiera hacerle daño. Era muy extraño, y cuando la chica abrió los ojos y se despejó, el individuo cuya linterna ahora lo iluminó perfectamente fue cuando Bruma vio que era una mujer de unos sesenta años, atractiva y fuerte, muy fuerte, le dio un vuelco el corazón. ¡El asesino era una mujer! Ésta Le preguntó a la chica: ¿tú qué sabes de Dios? ¿Tú sabes que Dios se comunica en  español, sólo en español?

No intuyó peligro alguno para la secuestrada, pues no había en las manos de aquella mujer ningún objeto peligroso, de manera que la dejó hacer aunque con el arma dispuesta para hacer fuego si veía peligro. La muchacha, muda, no sabía qué decir y sólo miraba con ojos de temor y miedo.

Bruma, se quedó mudo, ¿pero esto qué era? una sesión de filosofía o teología. A ver si me he equivocado y he encontrado, por casualidad a otra loca.

¿No sabes nada verdad?  Le dijo a la muchacha. Como todos, no sabéis nada. No os dais cuenta que todo el mundo está intentando acabar con el idioma de Dios y nadie hace nada. Es el único que nos puede identificar con la Esencia de Dios mismo, pero ni gobernantes, ni ciudadanos se dan cuenta de nada. Están dejando  a los Luciferinos que acaben con lo creado  hasta ahora y destruirán a la sociedad. Pero mi obra se conocerá y el mundo despertará, y entonces la dicha será total cuando el idioma español se imponga en el mundo entero y con él la gracia de Dios, aunque para ello tenga que eliminar a unos cuantos pecadores.

Bruma desde su escondite, no daba crédito y el whassap no dejaba de  pedirle que dijera algo. La mujer se alejó unos metros y como en un éxtasis sacó del bolsillo del mono que llevaba puesto, lo que parecía un chicle, y ante los ojos atónitos de la chica que permanecía con las manos atadas,  se lo dio  abriéndole la boca, diciéndole, no pasa nada es sólo un chicle.

Pero el chicle debía tener alguna sustancia pues la rehén pareció dormirse plácidamente en unos minutos, tiempo que aprovechó la secuestradora para irse a la pared  con el bote de pintura y una brocha  y efectuar las pintadas de rigor, momento que aprovechó Bruma para salir rápidamente de su escondite  y conminar a la asesina, que ahora sí estaba seguro de ello, a que se tirara al suelo y acercándose con precaución la esposó y la sentó en el mismo.

¡Vaya! Dijo la mujer extrañamente tranquila. ¿Usted debe ser el famoso Inspector Bruma, al que no se le escapa ni una? Lo dijo en pareado con una sorna sorprendente. Sabía que al final daría usted conmigo, aunque ha de reconocer que se lo he puesto fácil. Y ahora ha de llevarme a Comisaría y dar el comunicado a la prensa de que ha atrapado al asesino de Dios para que todo el mundo sepa cuál ha sido mi labor y que el mal, como ha estado diciendo toda la prensa respecto de mí, no existe. En el universo y en Dios no hay ni mal ni bien, sólo luz, y esa luz sólo se refleja cuando se habla español.

Bruma, desde su teléfono, llamó a Rosario y al compañero de Arrecife para comunicarles que fueran al sitio y que trajeran ambulancias y  toda esa parte de parafernalia que se hace cuando se detiene a alguien tan importante. Y acto seguido se dirigió a la chica que parecía seguir durmiendo y al acercarse vio su palidez y pensó en lo peor, pero  por suerte el chicle que contenía la sustancia perniciosa, el pentacanabinol, lo tenía aún casi sin deglutir en la boca por lo que Bruma le metió los dedos, se lo sacó y le hizo vomitar, salvándole la vida.

Mientras tanto, la asesina, había conseguido sacar del bolsillo trasero del mono que llevaba puesto, otro chicle, lo había desliado y dejándolo en una caja de cartón que había detrás de ella, lo había ingerido a toda prisa, cayéndose al suelo muerta de la alta dosis ingerida. Bruma no pudo hacer nada por ella, y cuando llegaron las ambulancias el médico del Samur Canarias sólo pudo certificar su muerte.

Nada se pudo confirmar, a pesar de los hechos, pero muerto el perro se acabó la rabia, con lo que Bruma se quedaba sin escenario para sus argumentos, y por supuesto para la ira de sus jefes.

Ya en Madrid, Bruma, sometido a un expediente disciplinario, otro más, por actuar fuera de los mandatos y las órdenes de sus superiores, y después de observar como unos cuantos Comisarios, que nada habían tenido que ver con la investigación, se colgaban medallas rojas, que les otorgaban una paga vitalicia del diez por ciento de sus sueldos, ojeando el currículo de la asesina se preguntaba por qué una persona que tiene esa capacidad: era doctora en bioquímica, por la Universidad de Salamanca, licenciada en  Teología por la University of London. Campeona de fitnes de Cataluña, cinturón negro de Kung Fu, y estudiosa de heráldica, hace estas cosas. ¿Locura? ¿Enajenación? ¿Verdades para las que no estamos preparados? No lo sabía, pero lo que sí sabía es que le estaba entrando un sueño feliz y que el tresillo desvencijado de su despacho lo estaba llamando. Al diablo con las felicitaciones, con las medallas y todo aquel hidepu que se las pone.

 

Ray Niebla