EL HOYO. CRÍTICA DE CINE POR: ÀNGEL MARTÍNEZ

EL HOYO

 

Género:        Social/Ciencia Ficción

Año:            2019

Duración:   119 minutos

País:            ESPAÑA

Director:     Galder Gaztelu-Urrutia

Guión:         David Desola, Pedro Rivero

Música:       Aránzazu Calleja

Fotografía:   Jon D. Domínguez

Productora:  Basque Films / Mr. Miyagi Films / Televisión Española                             (TVE) / ETB / Zentropa International Spain / Eusko                                     Jaurlaritza / ICAA / Consejería de Cultura del Gobierno                       Vasco / Instituto de Crédito Oficial

 

Intérpretes: Iván Massagué, Zorion Eguileor, Antonia San Juan,                                     Emilio Buale, Alexandra Masangkay, Eric Goode,                                        Algis Arlauskas, Miriam Martín, Óscar Oliver

 

 


EL HOYO

CRÍTICA DE CINE POR: ÀNGEL MARTÍNEZ

 

Me parece una apuesta brillante de nuestro cine, frecuentemente encasillado en el panorama internacional, entre las películas históricas y de terror de descansillo de Amenábar, a los sórdidos mundos de la dura calle española, al estilo Almodovariano. Por fin estamos creando productos de calado, tanto en series de tv (La Casa de Papel) como en películas como El Hoyo, que resultan atractivos para países extranjeros, y no gracias a las ayudas ni la promoción institucional.

Galder Gaztelu-Urrutia, el realizador vasco, de 46 años, ha firmado su primer largometraje, si bien su sector hasta la presente, ha sido la publicidad televisiva. Digno de encomio. Ya que la contraposición de ambos mundos, es tal, que si en un anuncio, prima mostrar bellos rostros, que promocionen productos de dudosa necesidad, en el cine, hay que ensalzar el peso del guión, para que resulte una obra amena y original.

La trama se sitúa en una prisión de corte futurista, cuya analogía constante con nuestra sociedad actual, sirve de punto de conexión con el espectador, ese es el concepto más aterrador. Es una cárcel donde solo hay dos reclusos por celda. Una celda que es un ascensor, y que azarosamente, va elevando o descendiendo en diferentes peldaños, los de arriba reciben un manjar, confeccionado por los mejores chefs, y es el mismo manjar va siendo devorado de las plantas superiores a las inferiores, de tal modo que los de abajo, solo comen las raspas, y las babas de los que están en la cúspide de la prisión. Exactamente igual que nuestra vida real, salvo porque en la película, los de arriba, descienden y los de abajo ascienden.

Sería de corto de miras, asemejar esta película a Cube, solo por el ambiente en el que se desarrolla. En Cube, nunca nos metemos en esa piel, no es la de toro, y es ciencia ficción, sin más. Para algunos es Marxismo encubierto, para los que constantemente quieren podrir y corromper el cine, con sus monsergas políticas, que suponen los canapés de la censura.

Dentro del imaginario colectivo, cuando nos mencionan cárceles en película, pensamos en El Expreso de Medianoche (Alan Parker).

Pero en el hoyo, no se comercia con el sexo entre hombres desesperados y muertos de miedo.

Con todos sus elogios, si debo admitir que en el nudo de la película, tanto Goreng (Iván Massagué) su protagonista, un personaje muy bien construido, parece una suerte de androide, con chute de moralina, y software de asesino en serie, y de Trimagasi (Zorion Egileor), la voz de la experiencia, un tahúr con el as en la manga de rigor, aunque no siempre gana la apuesta.

Los diálogos, es lo que más me ha desconcertado por su virtuosismo, a cargo de David Desola, Pedro Rivero, son de una calidad, a la que no estamos acostumbrados en nuestro país, son excepcionales, su métrica (que la tiene) y su ritmo.

Desde que vi este diferente film, supe que encajaría a la perfección en el mercado oriental, ya que trata de valores, sacrificio, y eso son temas que aquí hemos olvidado por completo, en conjunto. También la dureza de las situaciones extremas, ya que someter al hombre a la falta de alimento, lo convierte en bestia salvaje, capaz de la peor atrocidad que podamos creer. Siempre amparado en la reflexión filosófica de la supervivencia.

El Hoyo, sin duda nos recuerda donde estamos, que nos permiten comer, y como predisponen nuestro futuro.

 

Mi puntuación es de 4  ★★★★ (sobre ★★★★★ 5)

Àngel Martinez