Poesía para lerdos Por: Ray Niebla

Poesía para lerdos

Por: Ray Niebla

 

Extraño es el lugar, verde la hierba. Sujeto a la verdad pienso en la luna, contando con mi exilio mental una vez que  la duda resuelve mi adorada inteligencia, y entro a la duda como entro a un toril lleno de mugre de toros de papel, y en mi existencia vuelvo una y otra vez a encontrar la misma entropía que nace de mi entorno. Un entorno nacido de las piezas de un puzle mal compuesto que colorea mi espíritu dentro de una conocida marca de cola. Ya no soy aquel que entornaba los ojos tras el sol porque adivinaba las pestes de la luz, ni aquel otro que enarbolaba las lanzas de la libertad contando con la anuencia de todos los demás, pero cuando éstos se han vuelto tan cobardes ya no nace la luna otra vez en la noche, ni el sol en  la distancia, ni los ojos se cierran para parpadear  buscando la distancia del pudor, de la vergüenza, de la noche encendida en trabas de amistad, que ya no existen y sólo en la paz de la locura establezco cordones sanitarios para no ver nada de lo que me quieren, a toda costa enseñar. Extraño es el lugar, y la hierba ya no es verde porque se la han comido la alimañas que nos rodean a todos los que queremos ser distintos, pero no por ser distintos, ni singulares, sino porque parpadeamos de manera distinta a los demás y conseguimos metas inapropiadas para todos aquellos que cercenan una y otra vez las enjundias de la vida, las pasiones que nos encienden y las verdades que nadie cuenta.

¡Oh! Grande corralón de vísceras enanas de corazones tristes de vicios encadenados a la virtud  de no ser nadie, de ser aquello que quieren imponernos, sin ni siquiera decir ni muuu. Estatuas de sal que dejan de ver con ojos muertos las realidades reales que a nadie  importan y las consejas de viejos mediocres, movidos por el peso de los años y las laxitudes de la miopía mental, borran de la memoria los textos enviados a la hoguera años atrás que nos convirtieron en género caduco. Hombres y mujeres, mujeres y hombres. ¿Qué es esto? Dónde los hay si por todas partes se encumbra la melancolía de no saber quién soy.

Carretas de medidas antaño conocidas se borran de las letras para caer en olvidos recapacitados, que se entroncan con los vicios de unas élites cargadas de prejuicios, de regatas malignas por no saber quiénes son. Y si lo saben, son consecuentes con las trapacidades, de palabras que aún no existen. Colegios de absurdos colegiales, que nada saben y todo lo aprenden, que nada dicen y todo se les entiende.

Canto al mar la apología de la desnudez en playas servidas de comensales más muertos en vida que en la vida misma, porque en la sal de la vida nadie ha hurgado lo suficiente para entender las olas que vienen y van en continuo bruñir de un sol adivinado, que asola las pieles de aquellos que nada quieren y nada saben, de aquellos que multitudes sobran porque hemos llegado hasta aquí. Nada más.

 

Sí, afirmo que he pecado, padre Sol que me aburres con tu insoladora composición de melodías sopránicas, encadenadas a las soluciones más inapropiadas dadas por aquellos que entienden cuando de verdad no saben ni lo que hacen ni lo que dicen y solamente pululan absortos en carteras de viejos continentes con contenidos pobres de tanto vegetar. Absurdo continuo, de vivir en serio. Absurdo, compaginar beber con orinar, y absurdo, lelo, estúpido y borracho de no beber ni gota, aquel que sale indemne de la guerra total, La guerra que nos mata, que nos deja solos ante el peligro, ante el mal y ni siquiera lo vemos porque estamos ciegos de vanidad.

Afirmo que he pecado sinónimo de entrega, de virtud episcopal, de sanitarios gordos, de pega, de corral, que enarbolan banderas de enemigos de ellos mismos sin saber que están enterrando la verdad que un día van a necesitar, pero no lo entienden porque van borrachos de droga, de maldad de sesgos precavidos, de venenos que torturan la verdad y luego se la fuman y la expulsan, la versan, la conducen, la suman y la convierten  en hornacina mortal que nunca resucita porque  sufre del mal que la conduce por la triste realidad de una consuma barata, de una consuma primal, que es lo que prima en el mundo.  Y extraño es el lugar y la hierba ya es verde, ha vuelto a su lugar de encuentro con los suyos, muerto de sed, de lecho conyugal, de sexo revenido, de sucio parental que agobia a las farolas, que infunde al sacristán del pueblo de aquí al lado, el miedo a la verdad.

 

Ray Niebla