MANK CRÍTICA DE CINE POR: ÀNGEL MARTÍNEZ

MANK

Género: Drama | Biográfico cinematográfico
Año: 2020
Duración: 132 minutos
País: USA
Director: David Fincher
Guión: Jack Fincher
Música: Trent Reznor, Atticus Ross
Fotografía: Erik Messerschmidt (B&W)
Productora: Netflix. Distribuida por Netflix
Intérpretes: Gary Oldman, Amanda Seyfried, Arliss Howard, Charles Dance, Tom Burke, Lily Collins, Tuppence Middleton, Tom Pelphrey, Ferdinand Kingsley, Jamie McShane, Joseph Cross, Sam Troughton, Toby Leonard Moore, Leven Rambin, Madison West, Adam Shapiro, Monika Gossmann, Paul Fox, Jessie Cohen, Amie Farrell, Alex Leontev, Stewart Skelton, Craig Robert Young, Derek Petropolis, Jaclyn Bethany, Arlo Mertz

 

                  MANK 

CRÍTICA DE CINE POR: ÀNGEL MARTÍNEZ

 

 

Mank es el undécimo largometraje de David Fincher, el primero desde el riguroso y cómico derramamiento de sangre de Gone Girl en 2014, pero tampoco nadie le obligó a contratar como protagonista a Ben Affleck.
No le pidas peras al olmo, amigo Fincher. Y aun así, está correctamente interpretada.

Aunque los horizontes del arte de Fincher siempre han sido más amplios de lo que parece a primera vista, esta ni siquiera es la primera película de época del director norteamericano.

Supone todo un acontecimiento, que David Fincher, el “gurú” de Hollywood, padre de los thrillers antológicos y de un diseño impecable, como Seven (1995) y El Club de La Lucha (1999) repitiendo como protagonista Brad Pitt, con quien ha hecho ya tres películas, que se haya decidido hacer una película sobre la escritura de un guión, – how it was made- basándose en la escritura de un guión, sobre Ciudadano Kane.
Incluso abre el debate sobre la autoría de Kane, en el que la contribución de Orson Welles se convirtió en cuestionable. Es lo suficientemente histórica y vibrante, su relación con la historia de Hollywood, y lo suficientemente sólida, para merecer una película. La combinación de director y temática parecía curiosa: una perspectiva quizás prometedora con una pizca de supuesto thriller.
El naturalismo está sobrevalorado en Mank, una mirada muy diferente a la creación de Ciudadano Kane. Obviamente, había que encontrar algo nuevo que decir sobre las constantes peleas de Orson Welles con el estudio, incluso después de que le dieron rienda suelta para crear la película que definió la era y que finalmente paralizó su carrera de radio.

No podemos olvidar la “bromita” de utilizar su programa de radio, para hacer sentir como cobayas a la ciudadanía, convirtiéndoles en protagonistas forzosos, claro, realidad interpretativa al máximo nivel, conmocionando a la población, fingiendo (con grandes dosis de realismo) la invasión alienígena que estaba sufriendo la tierra. Fue tal el caos que provocó, que hubieron revueltas en las calles, saqueos, pillaje…, en fin, todo lo maravilloso que aflora del ser los humano, cundiendo la anarquía. Fue en ese punto de inflexión, cuando los propietarios de los estudios de Hollywood, probablemente por miedo, le produjeron y distribuyeron sus películas, especialmente la que relatamos hoy, Ciudadano Kane.

La película en sí, Mank, que recibirá un estreno limitado en cines el viernes, seguido de un lanzamiento en streaming de Netflix el 4 de diciembre, es la segunda mayor sorpresa, en gran parte debido a sus éxitos.
Algo desconcertante por su sinceridad y conexión con la actualidad, su tensa mezcla de historia y especulación, su actitud irónica hacia el sistema de estudios de Hollywood.

Este último punto solo gana más tracción e intriga a la luz de que esta película es, desde el principio, una producción de Netflix International Pictures, un hecho de alguna manera inseparable de la avalancha de ideas congeladas de la película.

Márketing, arte, política de época: todo está aquí. Entre los fanáticos de Fincher, el resultado probablemente desconcertará a algunos, aburrirá a muchos y emocionará a una minoría relativa pero cordial. Más allá de mitos, sinceramente Ciudadano Kane, para mí, no es la mejor película ni el mejor guión de la historia, aunque lo rebocen de purpurina y oropel. La propia interpretación de Welles, en muchas secuencias, es histriónica, si no se hubiese dirigido a sí mismo, habría repetido muchas tomas, en especial los plano secuencia, más en forma de –cuentos de navidad de Dickens- que en el despelleje de un cacique intelectual, como fue William Randolph Hearst

Mi puntuación es de 4 (sobre )
Àngel Martinez