La Fama y la Fauna por Ray Niebla

 La Fama y la Fauna

por Ray Niebla

 

(Continuación)

La situación del Inspector Bruma, después de haber saltado del tejado de la casa incendiada era delicada, por no decir peligrosa. Si esta gente de Tesis, habían cogido su coche, seguramente alguien de tráfico les habría dado todos sus datos personales, y por tanto sabían donde vivía pues la dirección que tenían en Tráficode él, era la misma, que tenía ahora,  y eso era un error para un policía, que debería tener un domicilio distinto al de su vivienda habitual, pero es difícil hacerlo con las leyes de España, y eso hace que muchas veces la confianza hace que te maten o al menos que te localicen. Las magulladuras de la caída en el árbol aún las tenía por todo el cuerpo, pero eso ya era agua pasada.

Por ello, su vida se convirtió en un mirar hacia atrás todo el rato; salir de casa con los ojos puestos en todo lo que abarcaban, y no frecuentar los mismos sitios, hasta que no tuviera claro qué o quiénes estaban detrás de todo esto. La historia de los años de plomo, con la Banda Terrorista Eta,  se volvía a repetir, al menos en su caso.

 

Nada dijo de su peripecia a sus superiores, y todo quedó en un incendio habitual, de los muchos que se producen en las ciudades, y  volvió sobre sus pasos para seguir investigando. Era una huída hacia adelante, pero era lo único que podía hacer para garantizar su vida: investigar y estar ojo  avizor.  Así que lo primero que hizo fue  seguir discretamente al individuo que supuestamente había incendiado su casa con él dentro,  y  descubrió  dónde vivía ahora, el vehículo que utilizaba, y con quién se reunía; cosas que no  le fue difícil pues el individuo llamado Santiago Correa Amado, no se escondía de nada ni de nadie y hacía su vida de la manera más normal. Seguía yendo a las tertulias y daba su opinión sobre lo que le preguntaban sin que al parecer estuviera preocupado por lo que había pasado en su casa y como si no le importara haber incendiado una propiedad, por otra lado bastante lujosa.

 

Esto desconcentró y  desconcertó a Bruma, e hizo que tomara una decisión drástica, de las que por otra lado estaba acostumbrado a tomar cuando no sabía por dónde tirar en cualesquiera otra investigación. Entraría en el domicilio de este tipo y lo acogotaría  para ver qué le sacaba, porque de otra manera la Organización Tesis, si es que existía, no estaba al alcance de ningún investigador y sobre todo si este es un llanero solitario como era Bruma, porque nadie parecía conocer nada sobre su existencia.

 

La noche se prestaba a ello, oscura, cerrada y con nubarrones y además el tipo estaba en Televisión Española en una charla sobre la libertad en las redes sociales. Este tipo sabía de todo. A veces se preguntaba cuánto tiempo gastarían todos estos tertulianos en prepararse los temas de los que iban a hablar, pues estaba claro que algo así debería ocurrir, porque de otra manera es imposible que nadie sepa tanto de todo, pero se centró en lo que debía hacer, y con el juego de ganzúas que portaba, abrió fácilmente la puerta y se coló en el apartamento de  Santiago Correa.

 

Lo primero que observó es  que el tipo vivía bien. Pareciera que todo eso de las tertulias daba para vivir como un marqués, o es que, a lo mejor había algo más.

 

Se dio un paseo por el apartamento asegurándose de que no hubiera ningún perro, ni tampoco algún visitante inesperado, y con extrema sutileza registró todos los cajones, e incluso buscó departamentos secretos en los armarios, pero no encontró nada de importancia. Sólo una pistola de fogueo antigua que no suponía ningún peligro. Cuando estaba en la habitación donde dormía Correa, sonó la llave de la cerradura, y el corazón le dio un vuelco. ¡Lo habían pillado! ¿Quién coño sería si Correa estaba en la televisión? Y enseguida se dio cuenta del error que había cometido. Había dos armarios y en cada uno de ellos había ropa de distinto estilo, pero no lo había asociado con lo que sucedía.  ¡Correa no vivía solo!

 

Por una vez se sintió acorralado, sin saber qué hacer. Su cabeza ejercía a toda velocidad para  salir de allí, y decidió cortar por lo sano, así que se puso el pasamontañas y se dispuso a salir a noquear a quien habían entrado, pero cuando vio lo que se le avecinaba, se volvió atrás y se tumbó en el lado contrario a la puerta donde la cama lo tapaba, siempre y cuando el tipo que había entrado no  pasara hasta dentro del dormitorio.

 

Era un auténtico gorila lo que vivía con el investigado Correa,  o al menos tenía las llaves de la casa. Con casi dos metros y unos músculos de gimnasio fibrados, y manos como mazas, Bruma sería un pelele en sus manos, así que rezando para que el tipo no entrara hasta el fondo de la  habitación, se tumbó en el suelo, pegado a la cama e intentó no respirar.

 

Pero el tipo sí pasó, y lo hizo hasta el armario para coger alguna ropa, y  mientras hablaba por teléfono  se sentó en la cama que hizo un ruido raro y  a Bruma se le pusieron las amígdalas en los talones. Hablaba con Santiago Correa, seguramente en un descanso o en publicidad,  y por la conversación se dio cuenta de que eran amantes y por tanto, eran dos gays diciéndose  requiebros, que la verdad, a Bruma le extrañó en un tipo tan exageradamente masculino como era el que tenía allí sentado a un palmo de él.

 

-El trabajo está hecho mi amor y el paquete no volverá a viajar por ningún sitio ni se volverá a perder, así que puedes estar tranquilo. Ya sabes que yo no fallo nunca…  Bueno sí, pero lo de la casa con ese inspectorcillo de mierda fue una cagada que ninguno de nosotros esperaba, y lo condujimos hasta allí, sin darnos cuenta de que este tío es un perro de presa que no suelta cuando agarra,  pero no tiene nada, nada, ni una prueba que nos asocie a lo que encontró allí, pues son sólo papeles, por ello, debemos estar tranquilos, aunque tenemos que centrarnos en quién  o quiénes fueron los que le pegaron fuego a la casa. Ahora estoy deseando que vengas porque estoy en tú habitación y tu olor me está poniendo… Vale, voy a ir ahora mismo, pero traigo lo que me has pedido y te espero aquí desnudito como me parió mi madre y pensando en ti.

 

A Bruma le estaba entrando el agobio oyendo como hablaban de él en esos términos. ¿Si no fueron ellos los que prendieron la casa, quiénes fueron? Pensó en sacar la pistola y pegarle dos tiros al musculitos este, para que se diera cuenta que con él no se podía jugar ni menospreciarlo, pero se comió su orgullo y esperó tumbado en el suelo, tampoco era cuestión de hacer de Harry el Sucio, hasta que el tipo salió de la habitación. Antes de levantarse oyó como manipulaba la caja fuerte que había visto en uno de los armarios, y un segundo después escuchó la puerta de la calle como se abría y se cerraba.

 

Se levantó y quedó pensativo por lo que le había dicho a su amante sobre el incendio, porque se estaba refiriendo a la casa desde la tuvo que saltar del tejado. ¿O era otra? Y si ellos no fueron los que la incendiaron. ¿Quiénes fueron? Y con respecto al paquete, seguro que se estaba refiriendo a otro ejecutado. Seguro.

 

Salió del dormitorio y cuando iba camino de la puerta, no  pudo resistirse a abrir la citada caja fuerte, que a decir verdad, no le fue difícil porque sólo estaba cerrada sin combinación, y allí encontró toda la información que necesitaba. Había mapas de todas las operaciones que habían llevado a cabo en los últimos años.  La filosofía de la Organización Tesis. Toda una lista de miembros  y dónde se llevarían a cabo otras operaciones de eliminación de famosos que hacían de su capa un sayo, sin tener en cuenta a nada ni a nadie.

 

…Punto Quinto, leyó, de los Estatutos de la Organización: «La misión de los componentes de Tesis, sin ambages, será la eliminación física de todos aquellos famosos, mujeres u hombres,  dueños de fortunas, playboys, y demás fauna amoral que  vayan por la vida abusando de los demás, sin tener en cuenta, ni la vida, ni los valores, ni los derechos humanos…y que además sean portavoces oficiales u oficiosos de la mafia mundial que maneja los hilos para cambiar el paradigma». En una esquina del primero folio de estos estatutos, y a mano se podía leer: «esto es ya algo que no se puede soportar»

 

Bruma se quedó de piedra, al coincidir con la nota escrita a mano, porque  eso era lo que pensaba él. No podía aguantar ver a cantantes, actores, ricachones,  políticos, empresarios, policías, Jueces, magistrados etc. como pululaban por todos sitios abusando de todo lo que se ponía a su alcance. Y cuanto menos  haciéndole la vida imposible a camareros, hoteleros, gente a su servicio,  trabajadores de toda índole, y de las tropelías que cometían a diario todos estos energúmenos, por el mero hecho de ser famosos o estar apoyados por esos poderes que nadie conoce, pero que se sabe que están ahí. Era difícil no acordarse de las niñas y niños  abusados y muertos, en ocasiones, por esta fauna que luego quedaban libres, y la justicia, aunque se presentaran pruebas,  hacía caso omiso de ellas y todo se quedaba en agua de borrajas. Siempre salían libres o prescribían sus delitos. Siempre que estaba implicado alguno de estos personajes no había nada que hacer.

 

Hizo fotos de casi todo  y salió echando leches cuando oyó como el ascensor se ponía en marcha y tuvo sólo el tiempo justo de salir y cerrar la puerta quedándose escondido en el rellano de la escalera del piso superior, viendo como el gorila gay salía de él y se colaba, agachando la cabeza para no darse con el quicio de la puerta, del apartamento de Correa.

 

¡No se lo podía creer! Había encontrado una organización de justicieros, que tanto hacía que no se daba, porque había habido otras contra delincuentes habituales, o traficantes de droga, pero se habían desmantelado sin hacer ruido y nadie se había enterado. El tema de los justicieros se había importado hacía años de EEUU, como siempre pasaba, y de vez en cuando salía alguno, pero se le pillaba en nada y la prensa tenía orden de no dar noticias de este tipo, para evitar el efecto imitación. Esto tenía que ser demasiado gordo para que nadie supiera nada, o al menos se mantenía en el total anonimato.  Las dudas le asaltaban el cerebro, y el rum rum del deber cumplido que tanto le habían metido en la cabeza, no lo dejaba dormir. Estaba harto, pero harto de tanto manejo de las sociedades, tanta ingeniería social, haciéndoles comulgar con ruedas de molino y mientras toda esta fauna se protegía y vivía a lo grande, la gente normal tenía que defenderse de la maldad que anidaba en el mundo a costa de sus propias vidas, pero que tenía que hacer en un caso como este: la razón y la justicia la tenían los de Tesis, pero no eran quiénes para tomarse la justicia por su mano, y por otro lado estaban  todos estos facinerosos que sí lo hacían. La Justicia era la que ellos designaban.

 

Investigó a muchos de los  que estaban en la lista, y se quedó de piedra. ¡Casi todos eran gente normal! Allí había carpinteros, pintores, algún empresario pequeño,  policías rasos, vigilantes de seguridad y mujeres. ¡También había mujeres! Era la primera vez que se daba una cosa así. Decididamente el mundo estaba cambiando y ¡se movilizaban contra  una élite que  gobernaba el mundo!, siendo casi todos estos famosos las puntas de lanza del cambio, porque eran ellos los que creaban opinión y los que manejaban a las masas, con la anuencia de las televisiones. Y lo hacían de la única manera que era viable, en la clandestinidad, sabiendo que todo estaba copado por  gentes corruptas que se pegaban la vida padre con sus  oscuras  afinidades. Todo estaba lleno de estómagos agradecidos y contra eso no se podía luchar con armas legales.

 

Decidió seguir al gay musculado y ver qué encontraba, de manera que estuvo varios días y varias noches detrás de este individuo sin que hubiera nada de particular, pero  una mañana cuando entró en la Comisaría se encontró con la prensa en la que se podía leer: anoche apareció muerto en su casa, colgado de la barra del baño, a Jorge de  la Seo, cantante y músico madrileño, aunque  afincado en Carolina del Norte pero las temporadas de verano la pasaba en su finca de la Moraleja.

 

Pero eso no fue lo peor, porque claro, el tipo de los músculos no podía haber sido ya que lo tenía controlado las veinticuatro horas del día y de la noche a costa de su salud, eso sí,  y al día siguiente apareció otro «famoso» esta vez famosa, pero de origen francés: Marie Lagón, hija del magnate Andrei Lagón,  dueño de una de las más grandes farmacéuticas de Europa, con lo que dedujo que la organización tenía tentáculos en todo el mundo. Esto se ponía interesante. ¿Cómo coño habían conseguido que nadie los encontrara o supiera de la existencia de esta Organización¿ Pero lo tuvo claro, esa élite que manda estaba tan segura del poder que tenía, que jamás pensó que sus perros de propaganda estuvieran siendo eliminados uno a uno. ¡Joder todo esto no tenía sentido; tendrían que cargarse a medio mundo!

 

Bruma se pasó varios días con la cabeza como un bombo. No sabía qué hacer, porque  se le acumulaba el deber, la sanción del delito, la moral, la equidad o la justicia, pero también pensaba quien era él para juzgar a una gentes que estaban tratando de poner orden en la vida, es verdad que ejecutando a gente famosa, pero era cierto que esto era sólo la punta del iceberg, porque detrás de todos estos tontos útiles estaba el cambio, la finalización de la cultura conocida.

 

Se decidió pues a detener al tertuliano, Santiago Correa y después dejar todo en manos de sus superiores, o de aquellos grupos de delincuencia internacional. Se fue al apartamento, pero como no tenía orden de detención, y en este caso las cosas deberían ser oficiales, debería hacerlo fuera de su casa, de manera que se situó en la escalera del piso superior, sentado en un escalón, como si estuviera esperando a un amigo del piso de arriba. Cuando sólo llevaba un rato, alguien le dio un golpe seco en la cabeza y ya no supo nada más.

 

Se despertó con un dolor de cabeza inigualable, y enseguida vio que se encontraba en el apartamento que ya conocía y atado, con cinta americana a una silla. Típico pensó, y miró a su alrededor. Lo primero que vio frente a él, fue una pizarra de grandes dimensiones, donde estaban expuestas mil y una barbaridad de las que hacían las élites y sus monigotes los famosos, que hizo que se pusiera a vomitar.

 

Allí, sentados  a su alrededor, estaban Correa, el músculos del que se enteró se llamaba Antoine, de origen francés, y una mujer de buen ver, aunque ya metida en años, que le sonreía amablemente. Las persianas estaban bajadas y la luz encendida por lo que no pudo saber si era de día o de noche, aunque enseguida se lo  hicieron saber.

 

-Sí, es de día y sólo hace unas horas que estamos aquí por lo que nadie te echará de menos todavía,  aunque no te preocupes que no vamos a hacer contigo lo que hacemos con esa gente. Desde antes que comenzaras la investigación estamos enterados de todo lo que eres y lo que haces, y sabemos que eres un tipo genialmente singular que te saltas la ley cuando lo crees conveniente y eso es de agradecer tal y como está el cotarro, y sí, lo sabemos porque hay algunos compañeros tuyos que también están con nosotros.

-Pero… ¿Cómo pueden estar ustedes tan tranquilos haciendo lo que hacen? ¿Es que para ustedes la ley no significa nada?-

-¿Y para ti Bruma, significa algo? Acaso la ley significa algo para alguien?   ¿Qué ley?  ¿La que nos imponen desde hace mil años las mismas gentes?

Sólo queremos que recapacites, que pienses en todo lo que  estás viendo aquí y que lo sabes tan bien como nosotros. Te dejaremos ir, y sabes que no tienes nada, porque todos esos documentos son sólo fotografías sin ningún valor y  seguramente, digo seguramente, porque  las cloacas del estado, que parece saben lo que hacen, tienen la mosca detrás de la oreja respecto de nosotros y tú estás siendo el nexo de unión entre ellos y nosotros, por lo tanto pensamos que tal y como están las cosas acabarán con alguno de nosotros, pero eso no parará este movimiento, porque están en juego otros intereses mucho más grandes. No te diré que es el bien contra el mal, porque te reirías, pero  Tesis está y estará hasta que se acabe con toda la mierda que el mundo tiene, aunque tengan que pasar mil años.

Bruma no entendía nada, aunque se lo estaban dejando bastante claro.

 

-Ahora te vamos a desatar, te vamos a dejar ir y todo habrá acabado, y cuando llegue la noche si no recibimos la visita de nadie sabremos que no has hecho nada con todo lo que sabes. Pero aunque lo hagas nunca atentaremos contra la gente que honestamente defiende  la justicia tal y como se la han hecho entender, tal y como se la han hecho aprender. ¡Ah!, y te diremos que la casa no la incendiamos nosotros, y sospechamos que fueron las cloacas de los servicios de inteligencia estatales, pero de segundo plano, esos servicios paralelos que no figuran en ningún sitio, pero que tienen un poder omnímodo los que lo hicieron porque tú los condujiste hasta allí. Sí, también te seguían y están detrás de ti, porque saben de tu singularidad y de que te metes donde no debes, aunque desconocemos la razón por la que quiseron acabar contigo de esa forma. Nada saben de Tesis, pero como te digo se huelen algo.

Ahora vas a comprobar que te siguen y que con venir aquí vas a hacer que nos tengamos que mudar de casa esta misma noche, pero no te preocupes, son demasiado torpes, para pensar que estás detrás de una Organización de juramentados.

Te vamos a dar una estampa del hombre de Vitrubio con los genitales seccionados que es el símbolo de la organización. Así, cuando veas, en el transcurso de tus investigaciones, en alguna casa, algún cuadro de desnudos con los genitales seccionados y manoseados sabrás que allí está la Organización, y entonces actuarás en consecuencia, con lo que sabes según tu conciencia.

Como verás eres un privilegiado  por conocer un secreto tan importante y que pocos pueden tener acceso a él, pues todos nos juramentamos para morir si era preciso antes que delatar a nadie y en los muchos años que llevamos, porque son generaciones, nunca se nos   ha detenido ni descubierto, pero es verdad que poco hemos conseguido porque las acciones que se llevaron a efecto antaño, fueron poco efectivas y ahora estamos en otro tiempo en el que hay que luchar con sus mismas armas y deben caer los peones antes que los capos. Así que tú verás. Le dijeron que su coche había ardido en un descampado y la grúa se había llevado los restos  para no dejar rastro de quiénes hacían estas cosas. No sabemos: ¿aviso a navegantes? Tú mismo-

 

Lo dejaron en libertad como habían prometido sin haberle tocado un pelo, y cuando salió, con los ojos más avispados, se dio cuenta de que efectivamente un tipo de lo más cochambroso lo seguía, aunque tuvo que reconocer que lo hacía bien. Otra vez pensó en pararse en una esquina y cuando volviera pegarle un tiro en la cabeza, pero vio que el tipo era listo y no lo seguía detrás si no por la acera de enfrente. Muy hábil.

 

Se fue a casa a dormir y a descansar y estuvo desde las dos de la tarde hasta las cinco de la mañana del día siguiente, durmiendo. Había tomado una decisión, y eso siempre era relajador para el cuerpo y el espíritu.

 

Se levanto, se vistió parsimoniosamente, salió por el garaje, aunque no tenía coche, sólo para despistar a los  perros de presa que lo seguían, y se marchó a la estación de autobuses donde compró un billete para su pueblo, ubicado en las inmediaciones de los Montes de Toledo, y desde allí, andando, se marchó a un minifundio que su padre le había dejado en heredad y que nunca le había interesado.

 

Estaba al lado del rio San Marcos y la tierra era buena, con una casilla de labor ya vieja, pero en buenas condiciones, y con una chimenea que era lo mejor que tenía la casa. Había también árboles frutales, a los que debía podar y cuidar, así como alguna vid vieja, pero sana y un pozo del que bebió agua, porque su padre decía que aquel agua era mejor que la del grifo.

 

Encendió la chimenea, con algunos troncos que encontró en ella todavía a medio quemar, y al amor de la lumbre, sentado en uno de los «pollos» que dicha chimenea tenía a los lados, se quedó dormido, plácidamente, pensando en que le dieran por donde amargan los pepinos a las élites, a las organizaciones de juramentados, a la sociedad, a la gente y a todo lo que anduviera con dos patas, porque viendo lo que vio, el mundo se había parado y él había aprovechado para bajarse de él.

 

Ray Niebla.